<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="2.0">    <channel>        <title>ESPACIO CINE</title>        <description><![CDATA[Todo lo que siempre quisiste saber sobre cine pero nunta te animaste a preguntar]]></description>        <link>http://ecine.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Mon, 16 Nov 2009 22:23:25 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Cómo elegir tu cámara de fotos digital</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/08/00061-como-elegir-tu-camara-de-fotos-digital.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="118" src="http://i27.tinypic.com/20keq7k.jpg" width="150" /></p><p style="text-align: justify;"> La fotograf&iacute;a es, por lejos, una de las actividades que mejor se adaptaron a la revoluci&oacute;n inform&aacute;tica digital. Desde la c&aacute;mara de bolsillo hasta los nuevos equipos profesionales r&eacute;flex, los usuarios abrazaron de lleno la posibilidad de capturar un momento, sin preocuparse por los rollos o tener la duda de que la foto, revelada, est&eacute; oscura o fuera de foco. </p><p style="text-align: justify;">Existe una gran oferta de equipos, pensados para diversos presupuestos e intereses. La amplitud de opciones complica a veces, la elecci&oacute;n de un modelo, por eso es conveniente tener en cuenta algunos elementos para decidir cu&aacute;l comprar. </p><p><strong><br /></strong></p><p><strong>Megapixeles, s&iacute; o no </strong></p><p style="text-align: justify;">Uno de los elementos distintivos de una c&aacute;mara es la resoluci&oacute;n de las im&aacute;genes que captura, medida en megapixeles; es decir, de cu&aacute;ntos millones de puntos de color (pixeles) estar&aacute; constituida la foto. Aunque en teor&iacute;a un n&uacute;mero mayor deber&iacute;a resultar una mejor imagen, en la pr&aacute;ctica esto no necesariamente es as&iacute;. </p><p style="text-align: justify;">La c&aacute;mara genera la imagen digital usando un sensor que registra la luz ambiente y traduce esas se&ntilde;ales el&eacute;ctricas en pixeles; tiene millones de puntos sensibles en su superficie, y cada uno registra parte de la foto. Pero para producir una misma imagen con mayor resoluci&oacute;n los fabricantes no aumentan el tama&ntilde;o del sensor; lo que hacen es reducir el tama&ntilde;o de ese punto sensible (tambi&eacute;n conocido como pixel o elemento). Esto trae aparejado una menor sensibilidad a la luz de cada uno de ellos, y la aparici&oacute;n de ruido en las fotos: puntos con un color distinto del que deber&iacute;a verse, sobre todo en zonas oscuras. </p><p style="text-align: justify;">As&iacute; que una c&aacute;mara de 10 megapixeles no necesariamente ser&aacute; dos veces mejor que una de 5 megapixeles; y con 3 o 4 megapixeles ya es suficiente para imprimir una foto con excelente calidad. No obstante, los fabricantes de c&aacute;maras han implementado t&eacute;cnicas para corregir estos errores, adem&aacute;s de que dejan de vender equipos nuevos con sensores de pocos megapixeles, por lo que no est&aacute; mal mirar un equipo con m&aacute;s resoluci&oacute;n que otro. La mayor cantidad de pixeles, adem&aacute;s, ayudar&aacute; a que se pueda imprimir un detalle de una foto con buena calidad. </p><p>&nbsp;</p><p><strong>Lentes y sensores </strong></p><p style="text-align: justify;">As&iacute; como hay equipos con distintas resoluciones, tambi&eacute;n existen diferentes tama&ntilde;os de sensor. Un mayor sensor permite tener pixeles m&aacute;s grandes, que ser&aacute;n m&aacute;s sensibles a la luz, pero es m&aacute;s cara su fabricaci&oacute;n. Los sensores de algunas c&aacute;maras profesionales son iguales al negativo de film tradicional (conocidos como fotograma ). La mayor&iacute;a de las r&eacute;flex digitales usan un formato de sensor conocido como APS. Entre los equipos de bolsillo, muchas usan otro est&aacute;ndar conocido como Cuatro tercios , pero la mayor&iacute;a utiliza sensores de 1/2,3 o 1/2,5 pulgadas (aproximadamente 6 x 4 mm). </p><p style="text-align: justify;">A su vez, el tama&ntilde;o del sensor y la lente est&aacute;n aparejados. De nuevo, lo conveniente es una lente de mayor di&aacute;metro, porque dejar&aacute; pasar m&aacute;s luz, pero esto aumenta tambi&eacute;n su peso, costo, y sobre todo su fragilidad. </p><p style="text-align: justify;">En general, las compa&ntilde;&iacute;as tradicionales de fotograf&iacute;a son las que tienen mejores lentes. En las c&aacute;maras de bolsillo, sin embargo, no son intercambiables, as&iacute; que no hay mucho por discutir. S&iacute; hay que mirar el zoom ofrecido. </p><p style="text-align: justify;">Olv&iacute;dense del zoom digital, es un truco de software para agrandar el tama&ntilde;o de un pixel (una t&eacute;cnica denominada interpolaci&oacute;n) y no suma detalle a la fotograf&iacute;a. Lo que vale es el &oacute;ptico, que s&iacute; permite un acercamiento al objeto fotografiado. Tradicionalmente, los equipos digitales ofrecieron un zoom de 3 aumentos (es decir, 3x), pero &uacute;ltimamente han aparecido modelos con mejores teleobjetivos, llegando a 5x o 7x. Aqu&iacute;, cuanto m&aacute;s, mejor, pero el mayor zoom suele implicar una c&aacute;mara m&aacute;s gruesa. </p><p>&nbsp;</p><p><strong>Estabilizaci&oacute;n y video</strong> </p><p style="text-align: justify;">Hay otros elementos importantes, pero son m&aacute;s a gusto del usuario. Por ejemplo, el tama&ntilde;o de la pantalla LCD, que sea sensible al tacto o que se pueda rotar etc. Y la calidad con que graba video. La mayor&iacute;a de las c&aacute;maras lo hace en el modo VGA (640 x 480 pixeles por cuadro, 30 cuadros por segundo) aunque cada vez m&aacute;s modelos se acercan a una alta definici&oacute;n. Una mayor resoluci&oacute;n permitir&aacute; lograr videos de mejor calidad, pero tambi&eacute;n requerir&aacute; m&aacute;s espacio de almacenamiento. La enorme mayor&iacute;a de los equipos de bolsillo usa el formato SD y SDHC (para tarjetas de 4 GB de capacidad o m&aacute;s). </p><p style="text-align: justify;">Algunos fabricantes apuestan por una mayor sensibilidad ISO (ASA) de sus equipos, que permite tomar fotos con menor luz. Una c&aacute;mara de bolsillo trabaja en un rango de 100 a 1600 ISO, aunque hay modelos que llegan a 3200 o 6400 ISO (a menor resoluci&oacute;n que la m&aacute;xima). Esta sensibilidad se ofrece junto a un estabilizador de imagen, que intenta neutralizar el temblor de la mano al sostener la c&aacute;mara. Sirve para reducir el movimiento en las fotos tomadas con baja velocidad (en un atardecer, sin flash, por ejemplo). La mayor&iacute;a de las c&aacute;maras ofrece un estabilizador &oacute;ptico; algunas hacen una estabilizaci&oacute;n por software, recortando los bordes de la imagen, con una efectividad limitada. </p><p style="text-align: justify;">Las c&aacute;maras brindan modos predefinidos de captura (autom&aacute;tico, retrato, paisaje, objeto en movimiento, atardecer), pero no todas permiten configurar la apertura del diafragma y la velocidad de obturaci&oacute;n de la c&aacute;mara, algo valioso para algunos usuarios. </p><p style="text-align: justify;">Lo que s&iacute; se incluye en un n&uacute;mero cada vez mayor de modelos, es la detecci&oacute;n autom&aacute;tica de rostros y sonrisas. El primer modo intenta poner todas las caras de una foto en foco, y ajusta su sensibilidad para que no queden oscuras; el segundo espera a que la persona retratada sonr&iacute;a para disparar. En general se pueden desactivar, as&iacute; que su inclusi&oacute;n no molesta, y hasta puede ayudar en una foto compleja. Algunos fabricantes, adem&aacute;s, incluyen una herramienta para esconder imperfecciones de la piel. </p><p style="text-align: justify;">Tambi&eacute;n hay modelos que resistengolpes y chapuzones de hasta 2 o 3 metros de profundidad, y son capaces de preparar un video en un formato adecuado para YouTube, o etiquetar fotos para clasificarlas mejor, sobre todo si uno planea compartirlas en alg&uacute;n &aacute;lbum de fotos con amigos y familiares. </p><p>&nbsp;</p><p><strong>Tres dimensiones para la fotograf&iacute;a </strong></p><p style="text-align: justify;">Hace unos d&iacute;as la compa&ntilde;&iacute;a Fujifilm, present&oacute; la FinePix Real 3D W1, la primera c&aacute;mara de bolsillo capaz de tomar fotos en tres dimensiones, gracias a sus dos lentes convergentes y dos sensores sincronizados. Incluso puede registrar video en 3D, ideal para el servicio tridimensional que YouTube present&oacute; en estos d&iacute;as. </p><p style="text-align: justify;">La empresa inform&oacute; que el equipo incluye una pantalla LCD de 3 pulgadas, que permite ver estas im&aacute;genes en 3D sin requerir anteojos especiales, adem&aacute;s de un accesorio de 8" con esta misma tecnolog&iacute;a. </p><p style="text-align: justify;">Fujifilm prepara incluso una impresora que usar&aacute; un papel especial, con una cobertura lenticular, para tener estas fotos en papel con una ilusi&oacute;n de tridimensi&oacute;n. </p><p style="text-align: justify;">La c&aacute;mara tambi&eacute;n puede tomar fotos en dos dimensiones (como un equipo convencional), y es posible configurar el zoom de cada lente en una posici&oacute;n diferente, para tener dos im&aacute;genes distintas de un mismo objeto, al mismo tiempo. </p><p style="text-align: justify;">Fujifilm anunci&oacute; que la c&aacute;mara y sus accesorios saldr&aacute;n a la venta proximamente en algunos pa&iacute;ses pero no inform&oacute; su precio. </p><p>&nbsp;</p><p><em>Basado en un art&iacute;culo de Ricardo Sametband</em></p><p>&nbsp;</p>]]></description>            <pubDate>Wed, 26 Aug 2009 21:22:53 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>El registro de la censura en el cine italiano</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/07/00060-el-registro-de-la-censura-en-el-cine-italiano.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="132" src="http://i28.tinypic.com/2v9ucu8.jpg" width="130" /></p><p style="text-align: justify;">El sitio online de la Cinemateca de Bolonia pone a disposici&oacute;n de los usuarios 130 mil documentos de la censura en Italia. La familia, la pol&iacute;tica y el sexo, los temas que m&aacute;s incomodaron a los censores italianos, fascistas y rep&uacute;blicanos. </p><p style="text-align: justify;">La censura en Italia funciona desde 1913. Exaltada por el fascismo, fue heredada tambi&eacute;n por la rep&uacute;blica de posguerra. Pasaron bajo su &oacute;rbita m&aacute;s de 100 mil obras. Alter&oacute; pel&iacute;culas que hicieron historias -sobre todo una: El &uacute;ltimo tango en Par&iacute;s-, pero tambi&eacute;n sobre el genio c&oacute;mico de la nacionalidad Tot&oacute;, algo imperdonable para los italianos. Ni siquiera se salvaron de sus garras los maestros del cine extranjero como los pioneros Ernst Lubitsch o Fritz Lang. Hablamos de la censura cinematogr&aacute;fica o como a los fascistas les gusta decir: "revisi&oacute;n cinematogr&aacute;fica".</p><p style="text-align: justify;">Un actividad preventiva establacedia por ley, necesaria para llevar un producto a las salas y que siempre es ejecutada por comisiones ad-hoc, que existen, tambi&eacute;n en casi todos los pa&iacute;ses del mundo. Por ejemplo en el caso de Latinoam&eacute;rica estas comisiones casi siempre ten&iacute;an a un militar y a un sacerdote cat&oacute;lico entre sus miembros. Este mecanismo, que en Italia durante casi un siglo de vida ha cambiado miles de obras, cambi&oacute; la visi&oacute;n de los realizadores, y han amputado miles de metros de celuloide. Justamente por esto, sus archivos constituyen un patrimonio &uacute;nico, un verdadero tesoro. </p><p style="text-align: justify;">Ahora, por primera vez esa documentaci&oacute;n estar&aacute; disponible para el p&uacute;blico en general. Este es un m&eacute;rito del sitio Italia taglia (Italia cortada), la primera base de datos completa sobre la censura en el cine italiano.</p><p>&nbsp;<img src="http://i32.tinypic.com/2n1atzl.jpg" /></p><p style="text-align: justify;">En la reciente inauguraci&oacute;n realizada en la Cineteca de Bologna, se supo que este servicio brindar&aacute; documentaci&oacute;n sobre el papeler&iacute;o que cada pel&iacute;cula estrenada en Italia debi&oacute; sufrir para obtener el visto bueno de los se&ntilde;ores censores. Por ahora est&aacute;n disponibles documentos de 1913 a 1943. Luego de mucho trabajo se llegar&aacute; hasta el a&ntilde;o 2000. En el futuro estar&aacute;n disponibles en la red, adem&aacute;s de los papeles, los fragmentos cortados y los fotogramas "revisados". Se encontraron nada m&aacute;s y nada menos que de 2500 fragmentos de 130 mil t&iacute;tulos. Un verdadero crimen. </p><p style="text-align: justify;">Por eso constituye un patrimonio precioso sobre la historia del cine italiano, uno de los m&aacute;s importantes del mundo, y tambi&eacute;n habla sobre las costumbres, ya que la censura sirve de testimonio sobre los enmudecimientos de un pa&iacute;s. Si se analiza El Decameron de Pier Paolo Pasolini, se llegar&aacute; a la conclusi&oacute;n de que fue uno de los autores m&aacute;s atacados. Pero el hacha no lastima demasiado el filme de 1971 inspirado en la obra de Giovanni Boccaccio. "Algunas secuencias &ndash;se lee en el documento- altamente er&oacute;ticas (...) rozan lo obsceno y lo profano. Se observa, no obstante, que m&aacute;s all&aacute; de la vulgaridad t&iacute;pica del realizador, el filme se mueve realmente (...) en el plano art&iacute;stico." </p><p style="text-align: justify;">De una forma u otra, los censores se tomaban el atrevimiento de "reconocer" el valor est&eacute;tico de la obra que se estren&oacute; s&oacute;lo apta para mayores de 18 a&ntilde;os y con nada menos que 58 metros de cortes sobre un total de 2.634 metros de pel&iacute;cula. </p><p style="text-align: justify;">Poco despu&eacute;s sucedi&oacute; algo parecido con El &uacute;ltimo tango en Par&iacute;s, de Bernardo Bertolucci y con Marlon Brando, que lleg&oacute; a las salas en 1972 y fue r&aacute;pidamente censurada en su totalidad. Esta resoluci&oacute;n qued&oacute; sin efecto luego de un fallo de la magistratura. Pero la censura ya le hab&iacute;a "cortado" casi 94 metros de pel&iacute;cula. Reci&eacute;n en 1987 pudo verse la versi&oacute;n completa en Italia. </p><p style="text-align: justify;">Aunque la reacci&oacute;n fuera previsible, la comedia Tot&oacute; e Carolina, de Mari Monicelli. El ministro Mario Scelba la juzg&oacute; como "inadmisible". Culpa, como explic&oacute;, de la "s&aacute;tira a la polic&iacute;a y a la jerarqu&iacute;a clerical", "una especie de exaltaci&oacute;n humor&iacute;stica-c&oacute;mica a las facciones comunistas". De ah&iacute; la masacre: 31 escenas menos en 200 metros de pel&iacute;cula y situaciones edulcoradas. Parecido fue el devenir de La Spiaggia (La playa), de Alberto Lattuada en 1954. All&iacute; una secuencia fue extirpada por mostrar las costumbres normales en un ba&ntilde;o. </p><p>&nbsp;<img src="http://i32.tinypic.com/2rroxus.jpg" /></p><p style="text-align: justify;">En l&iacute;neas generales cabe preguntarse qu&eacute; argumentos molestaron m&aacute;s a los censores. Anna Fiaccarini, responsable de los archivos extraf&iacute;lmicos de la Cinemateca de Bologna, no tiene dudas. "Los autores de las revisiones estaban particularmente atentos a los temas referentes a la familia y a la "defensa"de dicha instituci&oacute;n, por lo que siempre miraron de reojo las aventuras extramatrimoniales, los tri&aacute;ngulos amorosos y situaciones similares", explica la especialista sin dejar de tener en cuenta la presencia f&iacute;sica y pol&iacute;tica del Vaticano en Italia. </p><p style="text-align: justify;">Entre los archivos no se encuentran solamente pel&iacute;culas italianas. Tambi&eacute;n tuvieron dificultades a la hora de estrenarse obras cumbres como Metropolis, pieza magistral de Fritz Lang (1927). Los censores pidieron entonces que la c&eacute;lebre secuencia de "escenas donde obreros que van trabajar a un paso excesivamente lento fuera apenas se&ntilde;alada", no fuera cosa de que fuera demasiado revelador sobre las condiciones del trabajo obrero. M&aacute;s paradojal fue el caso de Madame du Barry, la obra de Ernst Lubitsch que cuenta la Revoluci&oacute;n Francesa, un tema que preocupaba demasiado a los controladores f&iacute;lmicos en Italia. Tanto, que llegaron a cortar "todos los episodios de la Revoluci&oacute;n donde aparecen barricadas y conflictos entre la multitud y la fuerzas armadas", en otras palabras, cortaron el coraz&oacute;n del filme, aunque parezca chiste. </p><p style="text-align: justify;">S&oacute;lo me resta decir <em>cumplimenti!</em> a la Cineteca de Bologna y como siempre recomiendo en estos casos, ver las pel&iacute;culas si no las han visto, a modo de reivindicaci&oacute;n de la libertad de expresi&oacute;n.</p><p>Link:</p><p><a href="http://www.cinetecadibologna.it/archivi/italia_taglia" target="_blank">http://www.cinetecadibologna.it/archivi/italia_taglia</a></p><p>Fuente:</p><p>(c) La Repubblica</p>]]></description>            <pubDate>Tue, 14 Jul 2009 22:31:10 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>La Industria Cultural (3º parte)</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/04/00059-la-industria-cultural-3-parte.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="117" src="http://i40.tinypic.com/1zz41lj.jpg" width="150" /></p><p style="text-align: justify;">En la industria cultural el individuo es ilusorio no s&oacute;lo por la igualaci&oacute;n de sus t&eacute;cnicas de producci&oacute;n. El individuo es tolerado s&oacute;lo en cuanto su identidad sin reservas con lo universal se halla fuera de toda duda. La pseudo-individualidad domina tanto en el jazz como en la personalidad cinematogr&aacute;fica original, que debe tener un mech&oacute;n de pelo sobre los ojos para ser reconocida como tal. Lo individual se reduce a la capacidad de lo universal para marcar lo accidental con un sello tan indeleble como para convertirlo sin m&aacute;s en identificable como lo que es. Justamente el obstinado mutismo o las actitudes elegidas por el individuo cada vez expuesto son producidos en serie como los castillos de Yale, que se distinguen entre s&iacute; por fracciones de mil&iacute;metro. </p><p style="text-align: justify;">La peculiaridad del S&iacute; es un producto social registrado que se despacha como natural. Se reduce a los bigotes, al acento franc&eacute;s, a la voz profunda de la mujer experimentada, al Lubitsch touch: son casi impresiones digitales sobre las tarjetas por lo dem&aacute;s iguales en que se transforman -ante el poder de lo universal- la vida y las caras de todos los individuos, desde la estrella cinematogr&aacute;fica hasta el &uacute;ltimo habitante de una c&aacute;rcel. La pseudoindividualidad constituye la premisa del control y de la neutralizaci&oacute;n de lo tr&aacute;gico: s&oacute;lo gracias al hecho de que los individuos no son en efecto tales, sino simples entrecruzamientos de las tendencias de lo universal, es posible reabsorberlos integralmente en lo universal. </p><p style="text-align: justify;">La cultura de masas revela as&iacute; el car&aacute;cter ficticio que la forma del individuo ha tenido siempre en la &eacute;poca burguesa, y su error consiste solamente en gloriarse de esta turbia armon&iacute;a de universal y particular. El principio de la individualidad ha sido contradictorio desde el comienzo. M&aacute;s bien no se ha llegado jam&aacute;s a una verdadera individuaci&oacute;n. La forma de clase de la auto conservaci&oacute;n ha detenido a todos en el estadio de puros seres gen&eacute;ricos. Cada caracter&iacute;stica burguesa alemana expresaba, a pesar de su desviaci&oacute;n y justamente mediante ella, una y la misma cosa: la dureza de la sociedad competitiva. El individuo, sobre el que la sociedad se sosten&iacute;a, llevaba la marea de tal dureza; en su libertad aparente, constitu&iacute;a el producto de su aparato econ&oacute;mico y social. Cuando solicitaba la respuesta de aquellos que le estaban ,sometidos, el poder se remit&iacute;a a las relaciones de fuerza dominantes en cada oportunidad. Por otro lado, la sociedad burguesa tambi&eacute;n ha desarrollado en su curso al individuo. Contra la voluntad de sus controles, la t&eacute;cnica ha educado a los hombres convirti&eacute;ndolos de ni&ntilde;os en personas. </p><p style="text-align: justify;">Pero todo progreso de la individuaci&oacute;n en este sentido se ha producido en detrimento de la individualidad en cuyo nombre se produc&iacute;a, v no ha dejado de &eacute;sta m&aacute;s que la decisi&oacute;n de perseguir siempre y s&oacute;lo el propio fin. El burgu&eacute;s, para quien la vida se escinde en negocios y vida privada, la vida privada en representaci&oacute;n e intimidad, la intimidad en la hastiante comunidad del matrimonio y en el amargo consuelo de estar completamente solo, en derrota ante s&iacute; y ante todos, es ya el nazi, que es entusiasta y desde&ntilde;oso a la vez, o el contempor&aacute;neo habitante de la metr&oacute;poli, que no puede concebir la amistad ya m&aacute;s que como social contact, como aproximaci&oacute;n social de individuos &iacute;ntimamente distantes. La industria cultural puede hacer lo que quiere con la individualidad debido a que en &eacute;sta se reproduce desde el comienzo la &iacute;ntima fractura de la sociedad. </p><p style="text-align: justify;">En las caras de los h&eacute;roes del cinemat&oacute;grafo y de los particulares confeccionados seg&uacute;n los modelos de las tapas de los semanarios se desvanece una apariencia en la cual ya nadie cree m&aacute;s, y la pasi&oacute;n por tales modelos vive de la secreta satisfacci&oacute;n de hallarse finalmente dispensados de la fatiga de la individuaci&oacute;n, pese a que esto ocurra gracias a las fatigas aun m&aacute;s duras de la imitaci&oacute;n. Pero ser&iacute;a vano esperar que la persona contradictoria y decadente no vaya a durar generaciones, que el sistema deba necesariamente saltar por causa de esta escisi&oacute;n psicol&oacute;gica, que esta mentirosa sustituci&oacute;n del individuo por el estereotipo deba resultar por s&iacute; intolerable a los hombres. La unidad de la personalidad ha sido escrutada como apariencia desde el Hamlet shakespeariano. En las fisonom&iacute;as sint&eacute;ticamente preparadas de hoy se ha olvidado ya que haya existido alguna vez un concepto de vida humana. Durante siglos la humanidad se ha preparado para Victor Mature y Mickey Rooney. Su obra de disoluci&oacute;n es a la vez un cumplimiento.</p><p style="text-align: justify;">La apoteosis del tipo medio corresponde al culto de aquello que es barato. Las estrellas mejor pagadas parecen im&aacute;genes publicitarias de desconocidos art&iacute;culos standard No por azar son elegidas a menudo entre la masa de las modelos comerciales. El gusto dominante toma su ideal de la publicidad, de la belleza de uso. De tal suerte el dicho socr&aacute;tico seg&uacute;n el cual lo bello es lo &uacute;til se ha cumplido por fin ir&oacute;nicamente. El cine hace publicidad para el trust cultural en su conjunto; en la radio las mercanc&iacute;as para las cuales existe el bien cultural son elogiadas en forma individual. Por cincuenta cents se ve el film que ha costado millones, por diez se consigue el chewing-gum que tiene tras s&iacute; toda la riqueza del mundo y que la incrementa con su comercio. Las mejores orquestas del mundo -que no lo son en modo alguno- son proporcionadas gratis a domicilio. Todo ello es una parodia del pa&iacute;s de jauja, as&iacute; como la "comunidad popular" nazi lo es respecto a aqu&eacute;lla humana. A todos se les alarga algo. </p><p style="text-align: justify;">La exclamaci&oacute;n del provinciano que por primera vez entraba al Metropoltheater de Berl&iacute;n, "es incre&iacute;ble lo que dan por tan poco", ha sido tomada desde hace tiempo por la industria cultural y convertida en sustancia de la producci&oacute;n misma. La producci&oacute;n de la industria cultural no s&oacute;lo se ve siempre acompa&ntilde;ada por el triunfo a causa del mismo hecho de ser posible, sino tambi&eacute;n resulta en gran medida id&eacute;ntica al triunfo. Show significa mostrar a todos lo que se tiene y se puede. Es aun la vieja feria, pero incurablemente enferma de cultura. Como los visitantes de las ferias, atra&iacute;dos por las voces de los anunciadores, superaban con animosa sonrisa la desilusi&oacute;n en las barracas, debido a que en el fondo sab&iacute;an ya antes lo que ocurrir&iacute;a, del mismo modo el frecuentador del cine se alinea comprensivamente de parte de la instituci&oacute;n. </p><p style="text-align: justify;">Pero con la accesibilidad de los productos "de lujo" en serie y su complemento, la confusi&oacute;n universal, se prepara una transformaci&oacute;n en el car&aacute;cter de mercanc&iacute;a del arte mismo. Este car&aacute;cter no tiene nada de nuevo: s&oacute;lo el hecho de que se lo reconozca expresamente y de que el arte reniegue de su propia autonom&iacute;a, coloc&aacute;ndose con orgullo entre los bienes de consumo, tiene la fascinaci&oacute;n de la novedad. El arte como dominio separado ha sido posible, desde el comienzo, s&oacute;lo en la medida en que era burgu&eacute;s. Incluso su libertad, como negaci&oacute;n de la funcionalidad social que es impuesta a trav&eacute;s del mercado, queda esencialmente ligada al presupuesto de la econom&iacute;a mercantil. Las obras de arte puras, que niegan el car&aacute;cter de mercanc&iacute;a de la sociedad ya por el solo hecho de seguir su propia ley, han sido siempre al mismo tiempo tambi&eacute;n mercanc&iacute;as: y en la medida en que hasta el siglo XVIII la protecci&oacute;n de los mecenas ha defendido a los artistas del mercado, &eacute;stos se hallaban en cambio sujetos a los mecenas<br />y a sus fines. </p><p style="text-align: justify;">La libertad respecto a los fines de la gran obra de arte moderna vive del anonimato del mercado. Las exigencias del mercado se hallan hoy tan completamente mediadas que el artista, aunque sea s&oacute;lo en cierta medida, queda exento de la pretensi&oacute;n determinada. Durante toda la historia burguesa, la autonom&iacute;a del arte, simplemente tolerada, se ha visto acompa&ntilde;ada por un momento de falsedad que por &uacute;ltimo se ha desarrollado, en la liquidaci&oacute;n social del arte. Beethoven mortalmente enfermo, que arroja lejos de s&iacute; una novela de Walter Scott exclamando: "&iexcl;Este escribe por dinero!", y al mismo tiempo, aun en el aprovechamiento de los &uacute;ltimos cuartetos -supremo rechazo al mercado- se revela como hombre de negocios experto y obstinado, ofrece el ejemplo m&aacute;s grandioso de la unidad de los opuestos (mercado y autonom&iacute;a) en el arte burgu&eacute;s. V&iacute;ctimas de la ideolog&iacute;a son justamente aquellos que ocultan la contradicci&oacute;n, en lugar de acogerla, como Beethoven, en la conciencia de la propia producci&oacute;n: Beethoven rehizo como m&uacute;sica la c&oacute;lera por el dinero perdido y dedujo el metaf&iacute;sico "As&iacute; debe ser", que trata de superar est&eacute;ticamente -asumi&eacute;ndola sobre s&iacute;- la necesidad del mundo, del pedido del salario mensual por parte de la gobernanta. </p><p style="text-align: justify;">El principio de la est&eacute;tica idealista, finalidad sin fin, es la inversi&oacute;n del esquema al que obedece socialmente el arte burgu&eacute;s: inutilidad para los fines establecidos por el mercado. &Uacute;ltimamente, en el pedido de distracci&oacute;n y diversi&oacute;n, el fin ha devorado al reino de la inutilidad. Pero como la instancia de utilizabilidad del arte se convierte en total, empieza a delinearse una variaci&oacute;n en la estructura econ&oacute;mica intima de las mercanc&iacute;as culturales. Lo &uacute;til que los hombres esperan de la obra de arte en la sociedad competitiva es justamente en gran medida la existencia de lo in&uacute;til: lo cual no obstante es liquidado en el momento de ser colocado enteramente bajo lo &uacute;til.</p><p style="text-align: justify;">Al adecuarse enteramente a la necesidad, la obra de arte defrauda por anticipado a los hombres respecto a la liberaci&oacute;n que deber&iacute;a procurar en cuanto al principio de utilidad. Lo que se podr&iacute;a denominar valor de uso en la recepci&oacute;n de bienes culturales es sustituido por el valor de intercambio: en lugar del goce aparece el tomar parte y el estar al corriente; en lugar de la comprensi&oacute;n, el aumento de prestigio. El consumidor se convierte en coartada de la industria de las diversiones, a cuyas instituciones aqu&eacute;l no puede sustraerse. Es preciso haber visto Mrs. Miniver, as&iacute; como es necesario tener en casa "Life" y "Time". Todo es percibido s&oacute;lo bajo el aspecto en que puede servir para alguna otra cosa, por vaga que pueda ser la idea de esta otra cosa. Todo tiene valor s&oacute;lo en la medida en que se puede intercambiar, no por el hecho de ser en s&iacute; algo. </p><p style="text-align: justify;">El valor de uso del arte, su ser, es para ellos un fetiche, y el fetiche, su valoraci&oacute;n social, que toman por la escala objetiva de las obras, se convierte en su &uacute;nico valor de uso, en la &uacute;nica cualidad de la que disfrutan. De tal suerte el car&aacute;cter de mercanc&iacute;a del arte se disuelve justamente en el acto de realizarse en forma integral. El arte se torna una mercanc&iacute;a preparada, asimilada a la producci&oacute;n industrial, adquirible y fungible. Pero la mercanc&iacute;a art&iacute;stica, que viv&iacute;a del hecho de ser vendida y de ser sin embargo invendible, s&eacute; convierte hip&oacute;critamente en invendible de verdad cuando la ganancia no est&aacute; m&aacute;s s&oacute;lo en su intenci&oacute;n, sino que constituye su principio exclusivo. La ejecuci&oacute;n de Toscanini por radio es en cierto modo invendible. Se la escucha por nada y a cada sonido de la sinfon&iacute;a est&aacute; ligada, por as&iacute; decirlo, la sublime r&eacute;clame de que la sinfon&iacute;a no se vea interrumpida por la r&eacute;clame: this concert is brought to you as a public service. </p><p style="text-align: justify;">La estafa se cumple indirectamente a trav&eacute;s de la ganancia de todos los productores unidos de autom&oacute;viles y de jab&oacute;n que financian las estaciones y, naturalmente, a trav&eacute;s del crecimiento de los negocios de la industria el&eacute;ctrica productora de los aparatos receptores. Por doquier la radio -fruto tard&iacute;o y m&aacute;s avanzado de la cultura de masas- extrae consecuencias prohibidas provisoriamente al film por su pseudo mercado. La estructura t&eacute;cnica del sistema comercial radiotelef&oacute;nico lo inmuniza de desviaciones liberales como las que los industriales del cine pueden aun permitirse en su campo. Es una empresa privada que est&aacute; ya de parte del todo soberano, en anticipaci&oacute;n en esto respecto a los otros monopolios. Chesterfield es s&oacute;lo el cigarrillo de la naci&oacute;n, pero la radio es su portavoz. </p><p style="text-align: justify;">Al incorporar completamente los productos culturales al campo de la mercanc&iacute;a, la radio renuncia por a&ntilde;adidura a colocar como mercanc&iacute;a sus productos culturales. En Estados Unidos no reclama ninguna tasa del p&uacute;blico y asume as&iacute; el aire enga&ntilde;os de autoridad desinteresada e imparcial, que parece de medida para el fascismo. La radio puede convertirse en la boca universal del F&uuml;hrer, y su voz propaga mediante los altoparlantes de las calles el aullido de las sirenas anunciadoras de p&aacute;nico, de las cuales dif&iacute;cilmente puede distinguirse la propaganda moderna. Los nazis sab&iacute;an que la radio daba forma a su causa, as&iacute; como la imprenta se la dio a la Reforma. </p><p style="text-align: justify;">El carisma metaf&iacute;sico del jefe inventado por la sociolog&iacute;a religiosa ha revelado ser al fin, como la simple omnipresencia de sus discursos en la radio, una diab&oacute;lica parodia de la omnipresencia del esp&iacute;ritu divino. El desmesurado hecho de que el discurso penetra por doquier sustituye su contenido, as&iacute; como la oferta de aquella transmisi&oacute;n de Toscanini sustituye a su contenido, la sinfon&iacute;a Ninguno de los escuchas est&aacute; en condiciones de concebir su verdadero contexto, mientras que el discurso del F&uuml;hrer es ya de por s&iacute; mentira. Poner la palabra humana como absoluta, el falso mandamiento, es la tendencia inmanente de la radio.</p><p style="text-align: justify;">La recomendaci&oacute;n se convierte en orden. La apolog&iacute;a de las mercanc&iacute;as siempre iguales bajo etiquetas diversas, el elogio cient&iacute;ficamente fundado del laxante a trav&eacute;s de la voz relamida del locutor, entre la overtura de la Traviata y la de Rienzi, se ha vuelto insostenible por su propia tonter&iacute;a. En definitiva, el diktat de la producci&oacute;n enmascarado por la apariencia de una posibilidad de elecci&oacute;n, la r&eacute;clame espec&iacute;fica, puede convertirse en la orden abierta del jefe. En una sociedad de grandes rackets fascistas, que se pusieran de acuerdo respecto a la parte del producto social que hay que asignar a las necesidades de los pueblos, resultar&iacute;a al fin anacr&oacute;nico exhortar al uso de un detergente determinado. M&aacute;s modernamente, el F&uuml;hrer, sin tantos cumplimientos, ordena tanto el sacrificio como la compra de la mercanc&iacute;a que antes se desechaba.</p><p style="text-align: justify;">Hoy las obras de arte, como las directivas pol&iacute;ticas, son adaptadas oportunamente por la industria cultural, inculcadas a precios reducidos a un p&uacute;blico reluctante, y su uso se torna accesible al pueblo, como el de los parques. Pero la disoluci&oacute;n de su aut&eacute;ntico car&aacute;cter de mercanc&iacute;a no significa que sean custodiadas y salvadas en la vida de una sociedad libre, sino que ha desaparecido incluso la &uacute;ltima garant&iacute;a de que no ser&iacute;an degradadas a la condici&oacute;n de bienes culturales. La abolici&oacute;n del privilegio cultural por liquidaci&oacute;n no introduce a las masas en dominios que les estaban vedados, sino que en las condiciones sociales actuales contribuye justamente a la ruina de la cultura, al progreso de la b&aacute;rbara ausencia de relaciones. Quien en el siglo pasado o a comienzos de &eacute;ste gastaba su dinero para ver un drama o para escuchar un concierto, tributaba al espect&aacute;culo por lo menos tanto respeto como al dinero invertido en &eacute;l. </p><p style="text-align: justify;">El burgu&eacute;s que quer&iacute;a extraer algo para &eacute;l pod&iacute;a a veces buscar una relaci&oacute;n con la obra. La llamada literatura introductiva a las obras de Wagner y los comentarios al Fausto son testimonio de este hecho. No eran aun m&aacute;s que una forma de paso a las notaciones biogr&aacute;ficas y a las otras pr&aacute;cticas a las que la obra de arte es hoy sometida. Incluso en los primeros tiempos del sistema el valor de intercambio no era arrastrado tras el valor de uso como un mero ap&eacute;ndice, sino que se lo hab&iacute;a desarrollado con premisa de &eacute;ste, y esto fue socialmente ventajoso para las obras de arte. Mientras era caro, el arte manten&iacute;a a&uacute;n al burgu&eacute;s dentro de ciertos l&iacute;mites. Ya no ocurre as&iacute;. Su vecindad absoluta, no mediada m&aacute;s por el dinero, respecto a aquellos ante los que es expuesto, lleva a su t&eacute;rmino el extra&ntilde;amiento, y asimila a obra y burgu&eacute;s bajo el signo de la reificaci&oacute;n total. En la industria cultural desaparece tanto la cr&iacute;tica como el respeto: la cr&iacute;tica se ve sucedida por la expertise mec&aacute;nica, el respeto, por el culto ef&iacute;mero de la celebridad. No hay ya nada caro para los consumidores. Y sin embargo &eacute;stos intuyen que cuanto menos cuesta algo, menos les es regalado. </p><p style="text-align: justify;">La doble desconfianza hacia la cultura tradicional como ideolog&iacute;a se mezcla a aqu&eacute;lla hacia la cultura industrializada como estafa. Reducidas a puro homenaje, dadas por a&ntilde;adidura, las obras de arte pervertidas y corrompidas son secretamente rechazadas por sus beneficiarios, como las antiguallas a las que el medio las asimila. Es posible alegrarse de que haya tantas cosas para ver y sentir. Pr&aacute;cticamente se puede tener todo. Los vaudevilles en el cine, los concursos musicales, los cuadernos gratuitos, los regalos que son distribuidos entre los escuchas de determinados programas, no constituyen meros accesorios, sino la prolongaci&oacute;n de lo que les ocurre a los mismos productos culturales. La sinfon&iacute;a se convierte en un premio para la radio audici&oacute;n en general, y si la t&eacute;cnica pudiese hacer lo que quiere, el film seria ya proporcionado a domicilio seg&uacute;n el ejemplo de la radio. La televisi&oacute;n muestra ya el camino de un cambio que podr&iacute;a llevar a los hermanos Warner a la posici&oacute;n -sin duda, nada agradable para ellos- de custodios y defensores de la cultura tradicional. Pero el sistema de los premios se ha depositado ya en la actitud de los consumidores. </p><p style="text-align: justify;">En la medida en que la cultura se presenta como homenaje cuya utilidad privada y social resulta, por lo dem&aacute;s, fuera de cuesti&oacute;n, la forma en que se la recibe se convierte en una percepci&oacute;n de chances. Los consumidores se afanan por temor a perder algo. No se sabe qu&eacute;, pero de todos modos tiene una posibilidad s&oacute;lo quien no se excluye por cuenta propia. El fascismo cuenta con reorganizar a los receptores de donativos de la industria cultural en su s&eacute;quito regular y forzado.</p><p style="text-align: justify;">La cultura es una mercanc&iacute;a parad&oacute;jica. Se halla hasta tal punto sujeta a la ley del intercambio que ya ni siquiera es intercambiada; se resuelve tan ciegamente en el uso que no es posible utilizarla. Por ello se funde con la r&eacute;clame; que resulta m&aacute;s omnipotente en la medida en que parece m&aacute;s absurda debido a que la competencia es s&oacute;lo aparente. Los motivos son en el fondo econ&oacute;micos. Es demasiado evidente que se podr&iacute;a vivir sin la entera industria cultural. es excesiva la apat&iacute;a que &eacute;sta engendra en forma necesaria entre los consumidores. Por s&iacute; misma, puede bien poco contra este peligro. La publicidad es su elixir de vida. Pero dado que su producto reduce continuamente el placer que promete como mercanc&iacute;a a esta misma, simple promesa, termina por coincidir con la r&eacute;clame, de la que necesita para compensar su indisfrutabilidad. En la sociedad competitiva la r&eacute;clame cumpl&iacute;a la funci&oacute;n social de orientar al comprador en el mercado, facilitaba la elecci&oacute;n y ayudaba al productor m&aacute;s h&aacute;bil pero hasta entonces desconocido a hacer llegar su mercanc&iacute;a a los interesados. La r&eacute;clame no s&oacute;lo costaba sino que ahorraba tiempo-trabajo. Ahora que el mercado libre llega a su fin, en la r&eacute;clame se atrinchera el dominio del sistema. La r&eacute;clame remacha el v&iacute;nculo que liga a los consumidores con las grandes firmas comerciales. S&oacute;lo quien puede pagar en forma normal las tasas exorbitantes exigidas por las agencias publicitarias, y en primer t&eacute;rmino por la radio misma, es decir, s&oacute;lo quien forma parte del sistema o es cooptado en forma expresa, puede entrar como vendedor al pseudo mercado. </p><p style="text-align: justify;">Los gastos de publicidad, que terminan por refluir a los bolsillos de los monopolios, evitan que haya que luchar cada vez contra la competencia de outsiders desagradables; garantizan que los amos del barco sigan entre si, en c&iacute;rculo cerrado, no distintos en ello a las deliberaciones de los consejos econ&oacute;micos que en el estado totalitario controlan la apertura de nuevas empresas y las gestiones de las existentes. La publicidad es hoy un principio negativo, un dispositivo de bloqueo; todo lo que no lleva su sello es econ&oacute;micamente sospechoso.</p><p style="text-align: justify;">La publicidad universal no es en modo alguno necesaria para hacer conocer los productos cuya oferta se halla ya limitada. S&oacute;lo indirectamente sirve a las ventas. El abandono de una praxis publicitaria habitual por parte de una firma aislada es una p&eacute;rdida de prestigio y en realidad una violaci&oacute;n de la disciplina que el gang determinante impone a los suyos. Durante la guerra se contin&uacute;a haciendo publicidad sobre mercanc&iacute;as que ya no est&aacute;n en venta s&oacute;lo para exponer y demostrar el poder&iacute;o industrial. M&aacute;s importante que la repetici&oacute;n del nombre es por consiguiente el financiamiento de los medios de comunicaci&oacute;n ideol&oacute;gicos. Dado que, bajo la presi&oacute;n del sistema, cada producto emplea la t&eacute;cnica publicitaria, &eacute;sta ha entrado triunfalmente en la jerga, en el "estilo" de la industria cultural. Su victoria es as&iacute; completa y en tal medida que en los casos decisivos no tiene siquiera necesidad de mostrarse expl&iacute;cita: los palacios monumentales de los gigantes, publicidad petrificada a la luz de los reflectores, carecen de r&eacute;clame, y se limitan a lo sumo a exponer en los lugares m&aacute;s altos las iniciales de la firma, refulgentes y lapidarias, sin necesidad de elogio alguno. </p><p style="text-align: justify;">Mientras tanto las casas que han sobrevivido del siglo pasado, en cuya arquitectura se lee a&uacute;n con rubor la utilidad de los bienes de consumo, el fin de la habitaci&oacute;n, son tapiadas, desde la planta baja hasta m&aacute;s arriba del techo, con affiches y carteles luminosos, y el paisaje no es m&aacute;s que el trasfondo de carteles y emblemas propagand&iacute;sticos. La publicidad se convierte en el arte por excelencia, con el cual Goebbels, con su olfato, la hab&iacute;a ya identificado; l'art pour l'art, r&eacute;clame de s&iacute; misma, pura exposici&oacute;n del poder social. Ya en los grandes semanarios norteamericanos "Life" y "Fortune" una r&aacute;pida ojeada apenas logra distinguir las im&aacute;genes y textos publicitarios de los que no lo son. A la redacci&oacute;n le corresponde el reportage ilustrado, entusiasta y no pagado, sobre las costumbres y la higiene personal del astro, que le procura nuevos fans, mientras que las p&aacute;ginas publicitarias se basan en fotograf&iacute;as y datos tan objetivos y realistas que representan el ideal mismo de la informaci&oacute;n, al que la redacci&oacute;n no hace m&aacute;s que aspirar. </p><p style="text-align: justify;">Cada film es la presentaci&oacute;n del siguiente, que promete reunir una vez m&aacute;s a la misma pareja bajo el mismo cielo ex&oacute;tico: quien llega con retraso no sabe si asiste a la "cola" del pr&oacute;ximo film o ya al que ha ido a ver. El car&aacute;cter de montaje de la industria cultural, la fabricaci&oacute;n sint&eacute;tica y guiada de sus productos, industrializada no s&oacute;lo en el estudio cinematogr&aacute;fico, sino virtualmente tambi&eacute;n en la compilaci&oacute;n de biograf&iacute;as baratas, investigaciones noveladas y cancioncillas se adapta a priori a la r&eacute;clame: dado que el momento singular se vuelve separable y fungible, ajeno incluso t&eacute;cnicamente a todo nexo significativo, puede prestarse a fines que son exteriores a la obra. </p><p style="text-align: justify;">El efecto, el hallazgo, el exploit aislado y repetible, est&aacute; ligado a la exposici&oacute;n de productos con fines publicitarios, y hoy cada primer plano de la actriz es una r&eacute;clame de su nombre, todo motivo de &eacute;xito el plug de su melod&iacute;a. T&eacute;cnica y econ&oacute;micamente r&eacute;clame e industria cultural se funden en una sola. Tanto en la una como en la otra la misma cosa aparece en innumerables lugares y la repetici&oacute;n mec&aacute;nica del mismo producto cultural es ya la del mismo slogan de propaganda. Tanto en la una como en la otra, bajo el imperativo de la eficacia, la t&eacute;cnica se torna psicot&eacute;cnica, t&eacute;cnica del manejo de los hombres. Tanto para la una como para la otra valen las normas de lo sorprendente y sin embargo familiar, de lo leve y sin embargo incisivo, de lo h&aacute;bil y sin embargo simple; se trata siempre de subyugar al cliente, representado como distra&iacute;do o reluctante. El lenguaje con el que la cultura se expresa contribuye tambi&eacute;n a su car&aacute;cter publicitario. </p><p style="text-align: justify;">Cuanto m&aacute;s se resuelve el lenguaje en comunicaci&oacute;n, cuanto m&aacute;s se tornan las palabras -de portadoras sustanciales de significado- en puros signos carentes de cualidad, cuanto m&aacute;s pura y transparente es la transmisi&oacute;n del objeto deseado, tanto m&aacute;s se convierten las palabras en opacas e impenetrables. La desmitizaci&oacute;n del lenguaje, como elemento de todo el proceso iluminista, se invierte en magia. Rec&iacute;procamente diferentes e indisolubles, la palabra y el contenido estaban unidos entre s&iacute;. Conceptos como melancol&iacute;a, historia y hasta "la vida" eran conocidos dentro de los l&iacute;mites del t&eacute;rmino que los perfilaba y los custodiaba. Su forma los constitu&iacute;a y los reflejaba a un mismo tiempo. La neta distinci&oacute;n que declara casual el tenor de la palabra y arbitraria su coordinaci&oacute;n con el objeto, liquida la confusi&oacute;n supersticiosa de palabra y cosa. </p><p style="text-align: justify;">Lo que en una sucesi&oacute;n establecida de letras trasciende la correlaci&oacute;n con el acontecimiento, es prohibido como oscuro y como metaf&iacute;sica verbal. Pero con ello la palabra -que ahora s&oacute;lo debe designar y no significar nada- queda hasta tal punto fijada a la cosa que se torna r&iacute;gida como f&oacute;rmula. Ello afecta por igual a la lengua y al objeto. En lugar de llevar el objeto a la experiencia, la palabra expurgada lo expone como caso de un momento abstracto, y el resto, excluido de la expresi&oacute;n -que ya no existe- por un deber despiadado de claridad, se desvanece incluso en la realidad. El ala izquierda en el foot-ball, el camisa negra, el joven hitlerista, etc., no son nada m&aacute;s que como se llaman. Si la palabra antes de su racionalizaci&oacute;n hab&iacute;a promovido junto con el deseo tambi&eacute;n la mentira, la palabra racionalizada se ha convertido para el deseo en una camisa de fuerza m&aacute;s dura que la mentira. La ceguera y la mudez de los datos a los que el positivismo reduce el mundo inviste tambi&eacute;n al lenguaje que se limita a registrar tales datos. De tal manera los t&eacute;rminos mismos se convierten en impenetrables, conquistan un poder de choque, una fuerza de adhesi&oacute;n y de repulsi&oacute;n que los asimila a lo que es el extremo opuesto de ellos, a las f&oacute;rmulas m&aacute;gicas. Vuelven as&iacute; a operar en toda una serie de pr&aacute;cticas: en el hecho de que el nombre de la estrella sea combinado en el estudio cinematogr&aacute;fico de acuerdo con los datos de la experiencia estad&iacute;stica, en el hecho de que el welfare state sea exorcizado con t&eacute;rminos tab&uacute; como bur&oacute;crata o intelectual, o en el hecho de que la vulgaridad se torne invulnerable asoci&aacute;ndose al nombre del pa&iacute;s. </p><p style="text-align: justify;">El nombre mismo, que es lo que m&aacute;s relacionado est&aacute; con la magia, sufre hoy un cambio qu&iacute;mico. Se transforma en etiquetas arbitrarias y manipulables, cuya eficacia puede ser calculada, pero que justamente por ello est&aacute;n dotadas de una fuerza y una voluntad propias como la de los nombres arcaicos. Los nombres bautismales, residuos arcaicos, han sido elevados a la altura de los tiempos, y se los estiliza en forma de siglas publicitarias. Suena a viejo en cambio el nombre burgu&eacute;s, el nombre de familia que, en lugar de ser una etiqueta, individualizaba a su portador en relaci&oacute;n con sus or&iacute;genes. Esto suscita en muchos norteamericanos un curioso embarazo. </p><p style="text-align: justify;">Para ocultar la inc&oacute;moda distancia entre individuos particulares, se llaman entre ellos Bob y Harry, como miembros fungibles de teams. Semejante uso reduce las relaciones entre los hombres a la fraternidad del publico de los deportes, que impide la verdadera fraternidad. La significaci&oacute;n, que es la &uacute;nica funci&oacute;n de la palabra admitida por la sem&aacute;ntica, se realiza plenamente en la se&ntilde;al. Su naturaleza de se&ntilde;al se refuerza gracias a la rapidez con ha que son puestos en circulaci&oacute;n desde lo alto modelos ling&uuml;&iacute;sticos. Si los cantos populares han sido considerados patrimonio cultural "rebajado" de la clase dominante, en todo caso sus elementos asum&iacute;an la forma popular a trav&eacute;s de un largo y complicado proceso de experiencias. </p><p style="text-align: justify;">En cambio, la difusi&oacute;n de los popular songs se produce en forma fulminante. La expresi&oacute;n norteamericana fad para modas que se afirman en forma epid&eacute;mica -es decir, promovidas por potencias econ&oacute;micas altamente concentradas- designaba el fen&oacute;meno mucho antes de que los directores de la propaganda totalitaria dictasen poco a poco las l&iacute;neas generales de la cultura. Si hoy los fascistas alemanes lanzan desde los altoparlantes la palabra "intolerable", ma&ntilde;ana el pueblo entero dir&aacute; "intolerable". Seg&uacute;n el mismo esquema, las naciones contra las cuales fue lanzada la guerra rel&aacute;mpago alemana han acogido en su jerga tal t&eacute;rmino. La repetici&oacute;n universal de los t&eacute;rminos adoptados por los diversos procedimientos torna a &eacute;stos de alg&uacute;n modo en familiares, as&iacute; como en los tiempos del mercado libre el nombre de un producto en todas las bocas promov&iacute;a su venta. La repetici&oacute;n ciega y la r&aacute;pida expansi&oacute;n de palabras establecidas relaciona a la publicidad con las consignas totalitarias. </p><p style="text-align: justify;">El estrato de experiencia que hac&iacute;a de las palabras, las palabras de los hombres que las pronunciaban ha sido enteramente arrasado y en la pronta asimilaci&oacute;n la lengua asume una frialdad que hasta ahora s&oacute;lo la hab&iacute;a distinguido en las columnas publicitarias y en las p&aacute;ginas de anuncios de los peri&oacute;dicos. Infinitas personas emplean palabras y expresiones que o no entienden o las utilizan s&oacute;lo por su valor behavioristic de posici&oacute;n, como s&iacute;mbolos protectores que se adhieren a sus objetos con tanta mayor tenacidad cuanto menos se est&aacute; en condiciones de comprender su significado ling&uuml;&iacute;stico. El ministro de Instrucci&oacute;n popular habla de fuerzas din&aacute;micas sin saber qu&eacute; dice y los songs cantan sin tregua sobre r&ecirc;verie y rhapsody y deben su popularidad justamente a la magia de lo incomprensible experimentada como el estremecimiento de una vida m&aacute;s elevada.</p><p style="text-align: justify;">Otros estereotipos, como memory, son aun entendidos en cierta medida, pero huyen a la experiencia que deber&iacute;a colmarlos. Afloran como enclaves en el lenguaje hablado. En la radio alemana de Flesch y de Hitler se pueden advertir en el afectado alem&aacute;n del anunciador que dice a la naci&oacute;n "Hasta volver a o&iacute;rse" o "Aqu&iacute; habla la juventud de Hitler" e incluso "el F&uuml;hrer" con una cadencia particular, que se convierte de inmediato en el acento natural de millones de personas. En tales expresiones se ha suprimido incluso el &uacute;ltimo v&iacute;nculo entre la experiencia sedimentada y la lengua, que ejerc&iacute;a a&uacute;n una influencia ben&eacute;fica en el siglo XIX a trav&eacute;s del dialecto. </p><p style="text-align: justify;">El redactor, a quien la ductilidad de sus convicciones le ha permitido convertirse en "redactor alem&aacute;n", ve en cambio a las palabras alemanas transformarse bajo la pluma en palabras extranjeras. En cada palabra se puede distinguir hasta qu&eacute; punto ha sido desfigurada por la "comunidad popular" fascista. Es verdad que a continuaci&oacute;n este lenguaje se ha convertido en universal y totalitario. No es ya m&aacute;s posible advertir en las palabras la violencia que sufren. El anunciador radial no tiene necesidad de hablar con afectaci&oacute;n, pues no ser&iacute;a ni siquiera posible, si su acento se distinguiese en car&aacute;cter del grupo de oyentes que le ha sido asignado. Pero en cambio la forma de expresarse y de gesticular de los escuchas y de los espectadores -hasta matices a los que ning&uacute;n m&eacute;todo experimental est&aacute; en condiciones de llegar- se hallan traspasados por el esquema de la industria cultural m&aacute;s que nunca antes. </p><p style="text-align: justify;">Hoy la industria cultural ha heredado la funci&oacute;n civilizadota de la democracia de la frontera y de la libre iniciativa, que por lo dem&aacute;s no ha tenido nunca una sensibilidad demasiado refinada para las diferencias espirituales. Todos son libres para bailar y para divertirse, as&iacute; como -desde la neutralizaci&oacute;n hist&oacute;rica de la religi&oacute;n en adelante- son libres para afiliarse a una de las innumerables sectas. Pero la libertad en la elecci&oacute;n de las ideolog&iacute;as, que refleja siempre la constricci&oacute;n econ&oacute;mica, se revela en todos los sectores como libertad de lo siempre igual. La forma en que una muchacha acepta su date obligatoria, el tono de la voz en el tel&eacute;fono. en la situaci&oacute;n m&aacute;s familiar la elecci&oacute;n de las palabras en la conversaci&oacute;n, y la entera vida &iacute;ntima, ordenada seg&uacute;n los conceptos del psicoan&aacute;lisis vulgarizado, documenta el intento de hacer de s&iacute; el aparato adaptado al &eacute;xito, conformado -hasta en los movimientos instintivos- al modelo que ofrece la industria cultural. </p><p style="text-align: justify;">Las reacciones m&aacute;s &iacute;ntimas de los hombres est&aacute;n tan perfectamente reificadas ante sus propios ojos que la idea de lo que les es espec&iacute;fico y peculiar sobrevive s&oacute;lo en la forma m&aacute;s abstracta: personalidad no significa para ellos en la pr&aacute;ctica m&aacute;s que dientes blancos y libertad respecto al sudor y a las emociones. Es el triunfo de la r&eacute;clame en la industria cultural, la imitaci&oacute;n forzada, por parte de los consumidores, de las mercanc&iacute;as culturales incluso neutralizadas en cuanto a su significado.</p><br /><div><em>Ndr: El presente texto pertenece a fil&oacute;sofos de la Escuela de Frankfurt, Max Horkheimer es uno de los padres de la conocida Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la cual podr&iacute;amos hablar en otra oportunidad, sin irnos del tema digamos que estos intelectuales provenientes de distintos campos del pensamiento se especializaron en investigaciones sobre las artes, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y obviamente la filosof&iacute;a. </em><em>Con la llegada del nazismo a Europa en los a&ntilde;os '30&nbsp;debieron huir del continente para radicarse temporalmente en Nueva York, a pesar de la antig&uuml;edad de los textos uno puede comprobar su completa vigencia en la actualidad</em>.</div>]]></description>            <pubDate>Fri, 17 Apr 2009 20:14:34 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>La Industria Cultural (2º parte)</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/04/00058-la-industria-cultural-2-parte.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="117" src="http://i40.tinypic.com/29z7gvt.jpg" width="150" /></p><p style="text-align: justify;">Asuntos biogr&aacute;ficos y similares sirven para unir los trozos de absurdo en una historia idiota: en ella no tintinea el gorro de cascabeles del loco, sino el mazo de llaves de la raz&oacute;n actual, que vincula -incluso en la imagen- tambi&eacute;n el placer a los fines del progreso. Cada beso en el film-revista debe contribuir al &eacute;xito del boxeador o del experto en canciones cuya carrera es exaltada. Por lo tanto, el enga&ntilde;o no reside en el hecho de que la industria cultural prepare distracci&oacute;n, sino en que arruina el placer al quedar deliberadamente ligada a los clich&eacute;s ideol&oacute;gicos de la cultura en curso de liquidaci&oacute;n. La &eacute;tica y el buen gusto prohiben por "ingenuo" al amusement incontrolado (la ingenuidad no es menos mal vista por el intelectualismo) y limitan incluso las capacidades t&eacute;cnicas. </p><p style="text-align: justify;">La industria cultural es corrupta no como Babel del pecado sino como templo del placer elevado. En todos sus niveles, desde Hemingway hasta Emil Ludwig, desde Mrs. Niniver hasta Lone Ranger, desde Toscanini a Guy Lombardo, la mentira es inherente a un esp&iacute;ritu que la industria cultural recibe ya terminado del arte y de la ciencia. Retiene restos de lo mejor en los rasgos que la aproximan al circo, en el atrevimiento obstinadamente insensato de los acr&oacute;batas y clowns, en la "defensa y justificaci&oacute;n del arte f&iacute;sico frente al arte espiritual". Pero los &uacute;ltimos refugios de este virtuosismo sin alma, que personifica a lo humano contra el mecanismo social, son despiadadamente limpiados por una raz&oacute;n planificadora que obliga a todo a declarar su funci&oacute;n y su significado. Tal raz&oacute;n elimina lo que abajo carece de sentido como en lo alto el significado de las obras de arte. La fusi&oacute;n actual de cultura y distracci&oacute;n no se cumple s&oacute;lo como depravaci&oacute;n de la cultura, sino tambi&eacute;n como espiritualizaci&oacute;n forzada de la distracci&oacute;n, lo cual es evidente ya en el hecho de que se asiste a ella casi exclusivamente como reproducci&oacute;n: como cine fotograf&iacute;a o como audici&oacute;n radial. <br /><br />En la &eacute;poca de la expansi&oacute;n liberal el amusement viv&iacute;a de la fe intacta en el futuro: si las cosas hubieran seguido as&iacute;, todo hubiese andado mejor. Hoy la fe vuelve a espiritualizarse; se torna tan sutil como para perder de vista toda meta y reducirse al fondo dorado que es proyectado tras la realidad. La fe se compone de los acentos de valor con los que, en perfecto acuerdo con la vida misma, son investidos una vez m&aacute;s en el espect&aacute;culo el tipo h&aacute;bil, el ingeniero, la muchacha din&aacute;mica, la falta de escr&uacute;pulos disfrazada de car&aacute;cter, los intereses deportivos y hasta los autom&oacute;viles y los cigarrillos, incluso cuando el espect&aacute;culo no se hace por cuenta de la publicidad de las firmas interesadas, sino por la del sistema en su totalidad. </p><p style="text-align: justify;">El amusement mismo se alinea entre los ideales, toma el lugar de los bienes elevados que expulsa definitivamente de la cabeza de las masas repiti&eacute;ndolos en forma aun m&aacute;s estereotipadas que las frases publicitarias pagadas por los interesados. La interioridad, la forma subjetivamente limitada de la verdad, ha estado siempre -mucho m&aacute;s que lo que se imagina- sujeta a los patrones externos. </p><p style="text-align: justify;">La industria cultural la reduce a mentira evidente. Ya s&oacute;lo se la siente como ret&oacute;rica, que se acepta como agregado penosamente agradable, en best-sellers religiosos, films psicol&oacute;gicos y women serials, para poder dominar con m&aacute;s certeza en la vida de los propios impulsos humanos. En este sentido el amusement realiza la purificaci&oacute;n de las pasiones que Arist&oacute;teles atribu&iacute;a ya a la tragedia, y Mortimer Adler asigna en realidad al film. Al igual que respecto al estilo, la industria cultural descubre tambi&eacute;n la verdad<br />sobre la catarsis.</p><p style="text-align: justify;">Cuanto m&aacute;s s&oacute;lidas se tornan las posiciones de la industria cultural, tanto m&aacute;s brutalmente puede obrar con las necesidades del consumidor, producirlas, guiarlas, disciplinarlas, suprimir incluso la diversi&oacute;n: para el progreso cultural no existe aqu&iacute; ning&uacute;n l&iacute;mite. Pero tal tendencia es inmanente al principio mismo -burgu&eacute;s e iluminado- del amusement. Si la necesidad de amusement ha sido producida en gran medida por la industria que hac&iacute;a la r&eacute;clame del producto mediante una oleograf&iacute;a sobre la avidez reproducida y, viceversa, la del polvo para bud&iacute;n mediante la reproducci&oacute;n del bud&iacute;n, siempre se ha podido advertir en el amusement la manipulaci&oacute;n comercial, el sales talk, la voz del vendedor de feria. Pero la afinidad originaria de negocios y amusement aparece en el significado mismo de este &uacute;ltimo: la apolog&iacute;a de la sociedad. Divertirse significa estar de acuerdo. El amusement s&oacute;lo es posible en cuanto se a&iacute;sla y se separa de la totalidad del proceso social, en cuanto renuncia absurdamente desde el principio a la pretensi&oacute;n ineluctable de toda obra, hasta de la m&aacute;s insignificante: la de reflejar en su limitaci&oacute;n el todo. Divertirse significa siempre que no hay que pensar, que hay que olvidar el dolor incluso all&iacute; donde es mostrado. En la base de la diversi&oacute;n est&aacute; la impotencia; Es en efecto fuga, pero no -como pretende- fuga de la realidad mala, sino fuga respecto al &uacute;ltimo pensamiento de resistencia que la realidad puede haber dejado a&uacute;n. La liberaci&oacute;n prometida por el amusement es la del pensamiento como negaci&oacute;n. </p><p style="text-align: justify;">La impudicia de la exclamaci&oacute;n ret&oacute;rica, "&iexcl;mira lo que la gente quiere!", reside en el hecho de referirse como a seres pensantes respecto a las mismas criaturas a las que, por tarea espec&iacute;fica, se las debe arrancar de la subjetividad. Y si a veces el p&uacute;blico se rebela contra la industria de la diversi&oacute;n, se trata s&oacute;lo de la pasividad -vuelta coherente-a la que &eacute;sta lo ha habituado. No obstante, la tarea de: mantener a la expectativa se ha convertido cada vez en m&aacute;s dif&iacute;cil. La estupidizaci&oacute;n progresiva debe marchar al mismo paso que el progreso de la inteligencia. En la &eacute;poca de la estad&iacute;stica las masas son demasiado maliciosas para identificarse con el millonario que aparece en la pantalla y demasiado obtusas para permitirse la m&aacute;s m&iacute;nima desviaci&oacute;n respecto a la ley de los grandes n&uacute;meros. La ideolog&iacute;a se esconde en c&aacute;lculo de las probabilidades. La fortuna no beneficiar&aacute; a todos, pero s&iacute; al jugador afortunado o m&aacute;s bien a aquel que sea designado por un poder superior, por lo general la misma industria de las diversiones, que es presentada como buscando asiduamente al merecedor. Los personajes descubiertos por los cazadores de talento y lanzados luego por el estudio cinematogr&aacute;fico son los tipos ideales de la nueva clase media dependiente. </p><p style="text-align: justify;">La starlet debe simbolizar a la empleada, pero en forma tal que para ella -a diferencia de la verdadera empleada-, el abrigo de noche parezca hecho de medida. De tal suerte la starlet no se limita a fijar para la espectadora la posibilidad de que tambi&eacute;n ella aparezca en la pantalla, sino tambi&eacute;n con mayor nitidez la distancia que hay entre las dos. S&oacute;lo una puede tener la gran chance, s&oacute;lo uno es famoso, y pese a que todos matem&aacute;ticamente tienen la misma probabilidad, tal posibilidad es sin embargo para cada uno tan m&iacute;nima que har&aacute; bien en borrarla en seguida y alegrarse de la fortuna del otro, que muy bien podr&iacute;a ser &eacute;l y que empero no lo es jam&aacute;s. Cuando la industria cultural invita aun a una identificaci&oacute;n ingenua &eacute;sta se ve r&aacute;pidamente desmentida. Para nadie es ya l&iacute;cito olvidar. En un tiempo el espectador de films ve&iacute;a sus propias bodas en las del otro. Ahora los felices de la pantalla son ejemplares de la misma especie que cualquiera del p&uacute;blico, pero con esta igualdad queda planteada la insuperable separaci&oacute;n de los elementos humanos. La perfecta similitud es la absoluta diferencia. La identidad de la especie proh&iacute;be la de los casos. La industria cultural ha realizado p&eacute;rfidamente al hombre como ser gen&eacute;rico. Cada uno es s&oacute;lo aquello por lo cual puede sustituir a los otros: fungible, un ejemplar. &Eacute;l mismo como individuo es lo absolutamente substituible, la pura nada, y ello es lo que comienza a experimentar cuando con el tiempo pierde la semejanza. As&iacute; se modifica la estructura &iacute;ntima de la religi&oacute;n del &eacute;xito, a la que por lo dem&aacute;s se presta minuciosa obediencia.</p><p style="text-align: justify;">En lugar del camino per aspera ad astra, que implica dificultad y esfuerzo, cada vez mas se insin&uacute;a el premio. El elemento de ceguera en la decisi&oacute;n ordinaria respecto al song que se volver&aacute; c&eacute;lebre o respecto a la comparsa adaptada al papel de hero&iacute;na, es exaltado por la ideolog&iacute;a. Los films subrayan el azar. Al exigir la ideolog&iacute;a la igualdad esencial de los personajes, con la excepci&oacute;n del malo, hasta llegar a la exclusi&oacute;n de las fisonom&iacute;as reluctantes (tal como aquellas que, como la de la Garbo, no tienen aire de dejarse apostrofar con un hello, sister), torna a primera vista la vida m&aacute;s f&aacute;cil para los espectadores, a quienes se asegura que no tienen necesidad de ser distintos de lo que son y que podr&iacute;an tener un &eacute;xito comparable, sin que se pretenda de ellos aquello de lo que se saben incapaces. Pero al mismo tiempo se les hace entender que incluso el esfuerzo carecer&iacute;a de sentido, pues la misma fortuna burguesa no tiene ya relaci&oacute;n alguna con el efecto calculable del trabajo. En el fondo todos reconocen al azar, por el que uno hace fortuna, como la otra cara de la planificaci&oacute;n. Justamente debido a que las fuerzas de la sociedad han alcanzado ya un grado tal de racionalidad que cualquiera podr&iacute;a ser ya ingeniero o manager, resulta por completo irracional, inmotivado, el hecho de qui&eacute;n sea aquel al que la sociedad le presta la preparaci&oacute;n y la confianza necesarias para el desempe&ntilde;o de tales funciones. </p><p style="text-align: justify;">Azar y planificaci&oacute;n se tornan id&eacute;nticos, pues frente a la igualdad de los hombres la fortuna o el infortunio del individuo, hasta en los planos m&aacute;s elevados, ha perdido todo significado econ&oacute;mico. El azar mismo es planificado: no se trata de que se lo haga recaer sobre este o el otro individuo aislado, sino del hecho mismo de que se crea que se lo gobierna. Eso sirve de coartada para los planificadores y suscita la apariencia de que la red de transacciones y medidas en que ha sido transformada la vida deja aun lugar para relaciones espont&aacute;neas e inmediatas entre la gente. Este tipo de libertad se halla simbolizado en los distintos ramos de la industria cultural por la selecci&oacute;n arbitraria de los casos medios. En las narraciones detalladas del semanario respecto al viaje modesto pero espl&eacute;ndido -organizado por el semanario mismo- cumplido por la afortunada vencedora (por lo general una dactil&oacute;grafa que acaso gan&oacute; el concurso gracias a sus relaciones con los magnates locales) se refleja la impotencia de todos. Son hasta tal punto mero material que aquellos que disponen de ellos pueden hacer subir a uno a su cielo y luego expulsarlo de all&iacute; nuevamente: que muera o haga lo que se le d&eacute; la gana con sus derechos y su trabajo.</p><p style="text-align: justify;">La industria est&aacute; interesada en los hombres s&oacute;lo como sus propios clientes y empleados y, en efecto, ha reducido a la humanidad en conjunto, as&iacute; como a cada uno de sus elementos, a esta f&oacute;rmula agotadora. De acuerdo con el aspecto determinante en cada ocasi&oacute;n, se subraya en la ideolog&iacute;a el plan o el azar, la t&eacute;cnica o la vida, la civilizaci&oacute;n o la naturaleza. Como empleados, son exhortados a la organizaci&oacute;n racional y a incorporares a ella con sano sentido com&uacute;n. Como clientes, ven ilustrar en la pantalla o en los peri&oacute;dicos, a trav&eacute;s de episodios humanos y privados, la libre elecci&oacute;n y la atracci&oacute;n de aquello que no est&aacute; a&uacute;n clasificado. En todos los casos no pasan de ser objetos. Cuanto menos tiene la industria cultural para prometer, cuanto menos en grado est&aacute; de mostrar que la vida se halla llena de sentido, en tanto m&aacute;s pobre se convierte falsamente la ideolog&iacute;a que difunde. Incluso los abstractos ideales de armon&iacute;a y bondad de la sociedad resultan -en la &eacute;poca de la publicidad universal- demasiado concretos. Pues se ha aprendido a identificar como publicidad justamente lo abstracto. El argumento que s&oacute;lo tiene en cuenta la verdad suscita la impaciencia de que llegue r&aacute;pidamente al fin comercial que se supone persigue en la pr&aacute;ctica. La palabra que no es un medio resulta carente de sentido; la otra, ficci&oacute;n y mentira. Los juicios de valor son o&iacute;dos como r&eacute;clame o como charlas in&uacute;tiles. Pero la ideolog&iacute;a as&iacute; forzada a mantenerse dentro de lo vago no se torna por ello m&aacute;s transparente ni tampoco m&aacute;s d&eacute;bil. Justamente su genericidad, su rechazo casi cient&iacute;fico a comprometerse con algo inverificable, sirve de instrumento al dominio. Porque se convierte en la proclamaci&oacute;n decidida y sistem&aacute;tica de lo que es. </p><p style="text-align: justify;">La industria cultural tiene la tendencia a transformarse en un conjunto de protocolos y justamente por ello en irrefutable profeta de lo existente. Entre los escollos de la falsa noticia individualizable y de la verdad manifiesta la industria cultural se mueve con habilidad repitiendo el fen&oacute;meno tal cual, oponiendo su opacidad al conocimiento y erigiendo como ideal el fen&oacute;meno mismo en su continuidad omnipresente. La ideolog&iacute;a se escinde en la fotograf&iacute;a de la realidad en bruto y en la pura mentira de su significado, que no es formulada expl&iacute;citamente, sino sugerida e inculcada. A fin de demostrar la divinidad de lo real no se hace mas que repetir c&iacute;nicamente lo real. Esta prueba fotol&oacute;gica no es convincente sino aplanadora. Quien frente a la potencia de la monoton&iacute;a duda a&uacute;n es un loco. La industria cultural est&aacute; tan bien provista para rechazar las objeciones dirigidas contra ella misma como aqu&eacute;llas lanzadas contra el mundo que ella reduplica sin tesis preconcebidas. Se tiene s&oacute;lo la posibilidad de colaborar o de quedarse atr&aacute;s: los provincianos, que para defenderse del cine y de la radio recurren a la eterna belleza o a los conjuntos filodram&aacute;ticos, est&aacute;n pol&iacute;ticamente ya en el punto hacia el que la cultura de masas a&uacute;n esta empujando a sus s&uacute;bditos. </p><p style="text-align: justify;">La cultura de masas es lo suficientemente equilibrada como para parodiar o disfrutar como ideolog&iacute;a, de acuerdo con la ocasi&oacute;n, incluso a los viejos sue&ntilde;os de anta&ntilde;o, como el culto del padre o el sentimiento incondicionado. La nueva ideolog&iacute;a tiene por objeto el mundo como tal. Adopta el culto del hecho, limit&aacute;ndose a elevar la mala realidad -mediante la representaci&oacute;n m&aacute;s exacta posible- al reino de los hechos. Mediante esta transposici&oacute;n, la realidad misma se convierte en sustituto del sentido y del derecho. Bello es todo lo que la c&aacute;mara reproduce. A la perspectiva frustrada de poder ser la empleada a quien le toca en suerte un crucero transoce&aacute;nico, corresponde la visi&oacute;n desilusionada de los pa&iacute;ses exactamente fotografiados por los que el viaje podr&iacute;a conducir. Lo que se ofrece no es Italia, sino la prueba visible de su existencia. El film puede llegar a mostrar Par&iacute;s, donde la joven norteamericana piensa en realizar sus sue&ntilde;os, en la desolaci&oacute;n m&aacute;s completa, para empujarla en forma tanto m&aacute;s inexorable a los brazos del joven norteamericano smart a quien hubiera podido conocer en su misma casa. Que todo en general marche, que el sistema incluso en su &uacute;ltima fase contin&uacute;e reproduciendo la vida de aquellos que lo componen, en lugar de eliminarlos en seguida, es cosa que se acredita como m&eacute;rito y significado. Continuar tirando hacia adelante en general se convierte en justificaci&oacute;n de la ciega permanencia del sistema, as&iacute; como de su inmutabilidad. </p><p style="text-align: justify;">Sano es aquello que se repite, el ciclo tanto en la naturaleza como en la industria. Eternamente gesticulan los mismos babies en los suplementos ilustrados, eternamente golpea la m&aacute;quina del jazz. Pese a todo progreso de la t&eacute;cnica de la reproducci&oacute;n, de las reglas y de las especialidades, pese a todo agitado afanarse, el alimento que la industria cultural alarga a los hombres sigue siendo la piedra de la estereotipia. La industria cultural vive del ciclo, de la maravilla de que las madres contin&uacute;en haciendo hijos pese a todo, de que las ruedas contin&uacute;en girando. Eso sirve para remachar la inmutabilidad de las relaciones. Los campos en que ondean espigas de trigo en la parte final de El gran dictador de Chaplin desmienten el discurso antifascista por la libertad. Se asemejan a la cabellera rubia de la muchacha alemana cuya vida en el campamento veraniego fotograf&iacute;a la Ufa. Por el hecho mismo de que el mecanismo social de dominio coloca a la naturaleza como saludable ant&iacute;tesis de la sociedad, la naturaleza queda absorbida y encuadrada dentro de la sociedad incurable. </p><p style="text-align: justify;">La confirmaci&oacute;n visual de que los &aacute;rboles son verdes, de que el cielo es azul y de que las noches pasan hace de estos elementos criptogramas de chimeneas y de estaciones de servicio para autom&oacute;viles. Viceversa, las ruedas y partes mec&aacute;nicas deben brillar en forma alusiva, degradadas al car&aacute;cter de exponentes de esa alma vegetal y et&eacute;rea. De tal suerte la naturaleza y la t&eacute;cnica son movilizadas contra la mufa, la imagen falseada en el recuerdo de la sociedad liberal, en la que, seg&uacute;n parece, se giraba en sofocantes cuartos cubiertos de felpa, en lugar de practicar, como se hace hoy, un sano y asexual naturismo, o se permanec&iacute;a en panne en un Mercedes Benz antediluviano en lugar de ir a la velocidad de un rayo desde el punto en que se est&aacute; a otro que es exactamente igual. <br /><br />El triunfo del trust colosal sobre la libre iniciativa es celebrado por la industria cultural como eternidad de la libre iniciativa. Se combate al enemigo ya derrotado, al sujeto pensante. La resurrecci&oacute;n del antifilisteo Hans Sonnenst&ouml;sser en Alemania y el placer de ver Vida con el padre son de la misma &iacute;ndole. Hay algo con lo que sin duda no bromea la ideolog&iacute;a vaciada de sentido: la previsi&oacute;n social. "Ninguno tendr&aacute; fr&iacute;o ni hambre: quien lo haga terminar&aacute; en un campo de concentraci&oacute;n": esta frase proveniente de la Alemania hitleriana podr&iacute;a brillar como lema en todos los portales de la industria cultural. La frase presupone, con astuta ingenuidad, el estado que caracteriza a la sociedad m&aacute;s reciente: tal sociedad sabe descubrir perfectamente a los suyos. La libertad formal de cada uno est&aacute; garantizada. Oficialmente, nadie debe rendir cuentas sobre lo que piensa. Pero en cambio cada uno est&aacute; desde el principio encerrado en un sistema de relaciones e instituciones que Forman un instrumento hipersensible de control social. Quien no desee arruinarse debe ingeni&aacute;rselas para no resultar demasiado ligero en la balanza de tal sistema De otro modo pierde terreno en la vida y termina por hundirse. </p><p style="text-align: justify;">El hecho de que en toda carrera, pero especialmente en las profesiones liberales, los conocimientos del ramo se hallen por lo general relacionados con una actitud conformista puede suscitar la ilusi&oacute;n de que ello es resultado de los conocimientos espec&iacute;ficos. En realidad, parte de la planificaci&oacute;n irracional de esta sociedad consiste en reproducir, bien o mal, s&oacute;lo la vida de sus fieles. La escala de los niveles de vida corresponde exactamente al lazo &iacute;ntimo de clases e individuos con el sistema. Se puede confiar en el manager y aun es fiel el peque&ntilde;o empleado, Dagwood, tal como vive en las historietas c&oacute;micas y en la realidad. Quien siente fr&iacute;o y hambre, aun cuando una vez haya tenido buenas perspectivas, est&aacute; marcado. Es un outsider y esta (prescindiendo a veces de los delitos capitales) es la culpa m&aacute;s grave. En los films se convierte en el mejor de los casos en el individuo original, objeto de una s&aacute;tira p&eacute;rfidamente indulgente, aunque por lo com&uacute;n es el villain, que aparece como tal ya no bien muestra la cara, mucho antes de que la acci&oacute;n lo demuestre, a fin de que ni siquiera temporariamente pueda incurrirse en el error de que la sociedad se vuelva contra los hombres de buena voluntad. <br /><br />En realidad, se cumple hoy una especie de welfare state de grado superior. A fin de defender las posiciones propias, se mantiene en vida una econom&iacute;a en la cual, gracias al extremo desarrollo de la t&eacute;cnica, las masas del propio pa&iacute;s resultan ya, en principio, superfluas para la producci&oacute;n. A causa de ello la posici&oacute;n del individuo se torna precaria. En el liberalismo el pobre, pasaba por holgaz&aacute;n, hoy resulta inmediatamente sospechoso: est&aacute; destinado a los campos de concentraci&oacute;n o, en todo caso, al infierno de las tareas m&aacute;s humildes y de los slums. Pero la industria cultural refleja la asistencia positiva y negativa hacia los administrados como solidaridad inmediata de los hombres en el mundo de los capaces. </p><p style="text-align: justify;">Nadie es olvidado, por doquier hay vecinos, asistentes sociales, individuos al estilo del Doctor Gillespie y fil&oacute;sofos a domicilio con el coraz&oacute;n del lado derecho que, con su afable intervenci&oacute;n de hombre a hombre, hacen de la miseria socialmente reproducida casos individuales y curables, en la medida en que no se oponga a ello la depravaci&oacute;n personal de los individuos. El cuidado respecto a las buenas relaciones entre los dependientes, aconsejada por la ciencia empresaria y ya practicada por toda f&aacute;brica a fin de lograr el aumento de la producci&oacute;n, pone hasta el &uacute;ltimo impulso privado bajo control social, mientras que en apariencia torna inmediatas o vuelve a privatizar las relaciones entre los hombres en la producci&oacute;n. Este socorro invernal ps&iacute;quico arroja su sombra conciliadora sobre las bandas visuales y sonoras de la industria cultural mucho tiempo antes de expandirse totalitariamente desde la f&aacute;brica sobre la sociedad entera. Pero los grandes socorredores y benefactores de la humanidad, cuyas empresas cient&iacute;ficas los autores cinematogr&aacute;ficos deben presentar directamente como actos de piedad, a fin de poder extraer de ellas un inter&eacute;s humano cient&iacute;fico, desempe&ntilde;an el papel de conductores de los pueblos, que terminan por decretar la abolici&oacute;n de la piedad y saben impedir todo contagio una vez que se ha liquidado al &uacute;ltimo paral&iacute;tico.</p><p style="text-align: justify;">La insistencia en el buen coraz&oacute;n es la forma en que la sociedad confiesa el da&ntilde;o que hace: todos saben que en el sistema no pueden ya ayudarse por s&iacute; solos y ello debe ser tenido en cuenta por la ideolog&iacute;a. En lugar de limitarse a cubrir el dolor bajo el velo de una solidaridad improvisada, la industria cultural pone todo su honor de firma comercial en mirarlo virilmente a la cara y en admitirlo, conservando con esfuerzo su dignidad. El pathos de la compostura justifica al mundo que la torna necesaria. As&iacute; es la vida, tan dura, pero por ello mismo tan maravillosa, tan sana. La mentira no retrocede ante lo tr&aacute;gico. As&iacute; como la sociedad total no elimina el dolor de sus miembros, sino que lo registra y lo planifica, de igual forma procede la cultura de masas con lo tr&aacute;gico. De ah&iacute; los insistentes pr&eacute;stamos tomados del arte. El arte brinda la sustancia tr&aacute;gica, que el puro amusement no puede proporcionar, pero que sin embargo necesita si quiere mantenerse de alg&uacute;n modo fiel al postulado de reproducir exactamente el fen&oacute;meno. </p><p style="text-align: justify;">Lo tr&aacute;gico, transformado en momento previsto y aprobado por el mundo, se convierte en bendici&oacute;n de este &uacute;ltimo. Lo tr&aacute;gico sirve para proteger de la acusaci&oacute;n de que no se toma a la realidad lo suficientemente en serio, cuando en cambio se la utiliza con c&iacute;nicas lamentaciones. Torna interesante el aburrimiento de la felicidad consagrada y pone lo interesante al alcance de todos. Ofrece al consumidor que ha visto culturalmente d&iacute;as mejores el sustituto de la profundidad liquidada hace tiempo, y al espectador com&uacute;n, las escorias culturales de las que debe disponer por razones de prestigio. A todos les concede el consuelo de que a&uacute;n es posible el destino humano aut&eacute;ntico y fuerte y de que su representaci&oacute;n desprejuiciada resulta necesaria. La realidad compacta y sin lagunas en cuya reproducci&oacute;n se resuelve hoy la ideolog&iacute;a aparece m&aacute;s grandiosa, noble y fuerte en la medida en que se mezcla a ella el dolor necesario. Tal realidad asume aspecto de destino. Lo tr&aacute;gico es reducido a la amenaza de aniquilar a quien no colabore, mientras que su significado parad&oacute;jico consist&iacute;a en una &eacute;poca en la resistencia sin esperanza a la amenaza m&iacute;tica. El destino tr&aacute;gico se convierte en castigo justo, transformaci&oacute;n que ha sido siempre el ideal de la est&eacute;tica burguesa. </p><p style="text-align: justify;">La moral de la cultura de masas es la misma, "rebajada", que la de los libros para muchachos de ayer. De tal suerte, en la producci&oacute;n de primera calidad lo malo se halla personificado por la hist&eacute;rica que -a trav&eacute;s de un estudio de pretendida exactitud cient&iacute;fica- busca defraudar a la m&aacute;s realista rival del bien de su vida y encuentra una muerte nada teatral. Las presentaciones tan cient&iacute;ficas se encuentran s&oacute;lo en la cumbre de la producci&oacute;n. Por debajo, los gastos son considerablemente menores y lo tr&aacute;gico es domesticado sin necesidad de la psicolog&iacute;a social. As&iacute; como toda opereta vienesa que se respete deb&iacute;a tener en su segundo acto un final tr&aacute;gico, que no dejaba al tercero m&aacute;s que la aclaraci&oacute;n de los malentendidos, del mismo modo la industria cultural asigna a lo tr&aacute;gico un lugar preciso en la routine. Ya la notoria existencia de la receta basta para calmar el temor de que lo tr&aacute;gico escape al control. La descripci&oacute;n de la f&oacute;rmula por parte del ama de casa, getting into trouble and out again, define la entera cultura de masas, desde el woman serial m&aacute;s idiota hasta la obra cumbre. Incluso el peor de los finales -que en el pasado ten&iacute;a mejores intenciones- remacha el orden y falsea lo tr&aacute;gico, ya sea cuando la amante ileg&iacute;tima paga con la muerte su breve felicidad, ya sea que el triste fin en las im&aacute;genes haga resplandecer con m&aacute;s brillo la indestructibilidad de la vida real. El cine tr&aacute;gico se convierte efectivamente en un instituto de perfeccionamiento moral. Las masas desmoralizadas de la vida bajo la presi&oacute;n del sistema, que demuestran estar civilizadas</p><p style="text-align: justify;">s&oacute;lo en lo que concierne a los comportamientos autom&aacute;ticos y forzados, de los que brota por doquier reluctancia y furor, deben ser disciplinadas por el espect&aacute;culo de la vida inexorable y por la actitud ejemplar de las v&iacute;ctimas. La cultura ha contribuido siempre a domar los instintos revolucionarios, as&iacute; como los b&aacute;rbaros. La cultura industrializada hace algo m&aacute;s. Ense&ntilde;a e inculca la condici&oacute;n necesaria para tolerar la vida despiadada. El individuo debe utilizar su disgusto general como impulso para abandonarse al poder colectivo del que est&aacute; harto. Las situaciones cr&oacute;nicamente desesperadas que afligen al espectador en la vida cotidiana se convierten en la reproducci&oacute;n, no se sabe c&oacute;mo, en garant&iacute;a de que se puede continuar viviendo. Basta advertir la propia nulidad, suscribir la propia derrota, y ya se ha entrado a participar. La sociedad es una sociedad de desesperados y por lo tanto la presa de los amos. En algunas de las m&aacute;s significativas novelas alemanas del per&iacute;odo prefascista, como Berlin Alexanderplatz &iquest;Y ahora, pobre hombre?, esta tendencia se expresaba con tanto vigor como en los films corrientes y en la t&eacute;cnica del jazz. En todos los casos se trata siempre, en el fondo, de la burla que se hace a s&iacute; mismo el "hombre peque&ntilde;o". La posibilidad de convertirse en sujeto econ&oacute;mico, empresario, propietario, ha desaparecido definitivamente. Hasta el &uacute;ltimo drug store, la empresa independiente, en cuya direcci&oacute;n y herencia se fundaba la familia burguesa y la posici&oacute;n de su jefe, ha ca&iacute;do en una dependencia sin salida. </p><p style="text-align: justify;">Todos se convierten en empleados y en la civilizaci&oacute;n de los empleados cesa la dignidad ya dudosa del padre. La actitud del individuo hacia el racket -firma comercial, profesi&oacute;n o partido- antes o despu&eacute;s de la admisi&oacute;n, as&iacute; como la del jefe ante la masa y la del amante frente a la mujer a la que corteja, asume rasgos t&iacute;picamente masoquistas La actitud a la que cada uno est&aacute; obligado para demostrar siempre otra vez su participaci&oacute;n. moral en esta sociedad hace pensar en los adolescentes que, en el rito de admisi&oacute;n en la tribu, se mueven en c&iacute;rculo, con sonrisa idiota, bajo los golpes del sacerdote. La vida en el capitalismo tard&iacute;o es un rito permanente de iniciaci&oacute;n. Cada uno debe demostrar que se identifica sin residuos con poder por el que es golpeado. Ello est&aacute; en la base de las s&iacute;ncopas del jazz, que se burla de las trabas y al mismo tiempo las convierte en normas. La voz de eunuco del crooner de la radio, el cortejante buen mozo de la heredera, que cae con su smoking en la piscina, son ejemplos para los hombres, que deben convertirse en aquello a lo que los pliega el sistema. Cada uno puede ser omnipotente como la sociedad, cada uno puede llegar a ser feliz, con tal de que se entregue sin reservas y de que renuncie a sus pretensiones de felicidad. En la debilidad del individuo la sociedad reconoce su propia fuerza y cede una parte de ella al individuo. La pasividad de &eacute;ste lo califica como elemento seguro. As&iacute; es liquidado lo tr&aacute;gico. En un tiempo su sustancia consist&iacute;a en la oposici&oacute;n del individuo a la sociedad. Lo tr&aacute;gico exaltaba "el valor y la libertad de &aacute;nimo frente a un enemigo poderoso, a una adversidad superior, a un problema inquietante". </p><p style="text-align: justify;">Hoy lo tr&aacute;gico se ha disuelto en la nada de la falsa identidad de sociedad e individuo, cuyo horror brilla aun fugazmente en la vacua apariencia de aqu&eacute;l. Pero el milagro de la integraci&oacute;n, el permanente tacto de gracia de los amos, al acoger a quien cede y se traga su propio rechazo, tiende al fascismo, que relampaguea en la humanidad con que D&ouml;blin permite a su Biberkopf arreglarse, como en los films de tono social. La capacidad de encajar y de arregl&aacute;rselas, de sobrevivir a la propia ruina, por la que es superado lo tr&aacute;gico, es caracter&iacute;stica de la nueva generaci&oacute;n. La nueva generaci&oacute;n est&aacute; en condiciones de cumplir cualquier trabajo, porque el proceso laboral no los ata a ning&uacute;n trabajo definido. Ello recuerda la triste ductilidad del expatriado, al que la guerra no le importaba nada, o del trabajador ocasional, que termina por entrar en las organizaciones paramilitares. La liquidaci&oacute;n de lo tr&aacute;gico confirma la liquidaci&oacute;n del individuo.</p>]]></description>            <pubDate>Fri, 17 Apr 2009 19:43:35 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>La industria Cultural</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/04/00057-la-industria-cultural.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="115" src="http://i40.tinypic.com/2d1k3yp.jpg" width="130" /></p><p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Dial&eacute;ctica como mistificaci&oacute;n de masas</span><br />Por Max Horkheimer y Theodor Adorno "Dial&eacute;ctica del Iluminismo"<br /><br />La tesis sociol&oacute;gica de que la p&eacute;rdida de sost&eacute;n en la religi&oacute;n objetiva, la disoluci&oacute;n de los &uacute;ltimos residuos precapitalistas, la diferenciaci&oacute;n t&eacute;cnica y social y el extremado especialismo han dado lugar a un caos cultural, se ve cotidianamente desmentida por los hechos. La civilizaci&oacute;n actual concede a todo un aire de semejanza.</p><p style="text-align: justify;">Las pel&iacute;culas, la radio y los semanarios constituyen un sistema. Cada sector esta armonizado en s&iacute; y todos entre ellos. Las manifestaciones est&eacute;ticas, incluso de los opositores pol&iacute;ticos, celebran del mismo modo el elogio del ritmo de acero. Los organismos decorativos de las administraciones y las muestras industriales son poco diversas en los pa&iacute;ses autoritarios y en los dem&aacute;s. Los tersos y colosales palacios que se alzan por todas partes representan la pura racionalidad privada de sentido de los grandes monopolios internacionales a los que tend&iacute;a ya la libre iniciativa desencadenada, que tiene en cambio sus monumentos en los t&eacute;tricos edificios de habitaci&oacute;n o comerciales de las ciudades desoladas. Ya las casas m&aacute;s viejas cerca de los centros de cemento armado tienen aire de slums y Ios nuevos bungalows marginales a la ciudad cantan ya -como las fr&aacute;giles construcciones de las ferias internacionales- las loas al progreso t&eacute;cnico, invitando a que se los liquide, tras un r&aacute;pido uso, como cajas de conserva. Pero los proyectos urban&iacute;sticos que deber&iacute;an perpetuar, en peque&ntilde;as habitaciones higi&eacute;nicas, al individuo como ser independiente, lo someten aun m&aacute;s radicalmente a su ant&iacute;tesis, al poder total del capital. </p><p style="text-align: justify;">Como los habitantes afluyen a los centros a fin de trabajar y divertirse, en car&aacute;cter de productores y consumidores, las c&eacute;lulas edilicias se cristalizan sin soluci&oacute;n de continuidad en complejos bien organizados. La unidad visible de macrocosmo y microcosmo ilustra a los hombres sobre el esquema de su civilizaci&oacute;n: la falsa identidad de universal y particular. Cada civilizaci&oacute;n de masas en un sistema de econom&iacute;a concentrada es id&eacute;ntica y su esqueleto -la armadura conceptual fabricada por el sistema- comienza a delinearse.</p><p style="text-align: justify;">Los dirigentes no est&aacute;n ya tan interesados en esconderla; su autoridad se refuerza en la medida en que es reconocida con mayor brutalidad. Film y radio no tienen ya m&aacute;s necesidad de hacerse pasar por arte. La verdad de que no son mas que negocios les sirve de ideolog&iacute;a, que deber&iacute;a legitimar los rechazos que practican deliberadamente. Se autodefinen como industrias y las cifras publicadas de las rentas de sus directores generales quitan toda duda respecto a la necesidad social de sus productos. Quienes tienen intereses en ella gustan explicar la industria cultural en t&eacute;rminos tecnol&oacute;gicos. </p><p style="text-align: justify;">La participaci&oacute;n en tal industria de millones de personas impondr&iacute;a m&eacute;todos de reproducci&oacute;n que a su vez conducen inevitablemente a que, en innumerables lugares, necesidades iguales sean satisfechas por productos standard. El contraste t&eacute;cnico entre pocos centros de producci&oacute;n y una recepci&oacute;n difusa exigir&iacute;a, por la fuerza de las cosas, una organizaci&oacute;n y una planificaci&oacute;n por parte de los detentores. </p><p style="text-align: justify;">Los clich&eacute;s habr&iacute;an surgido en un comienzo de la necesidad de los consumidores: s&oacute;lo por ello habr&iacute;an sido aceptados sin oposici&oacute;n. Y en realidad es en este c&iacute;rculo de manipulaci&oacute;n y de necesidad donde la unidad del sistema se afianza cada vez m&aacute;s. Pero no se dice que el ambiente en el que la t&eacute;cnica conquista tanto poder sobre la sociedad es el poder de los econ&oacute;micamente m&aacute;s fuertes sobre la sociedad misma.</p><p style="text-align: justify;">La racionalidad t&eacute;cnica es hoy la racionalidad del dominio mismo. Es el car&aacute;cter forzado de la sociedad alienada de s&iacute; misma. Autom&oacute;viles y films mantienen unido el con junto hasta que sus elementos niveladores repercuten sobre la injusticia misma a la que serv&iacute;an. Por el momento la t&eacute;cnica de la industria cultural ha llegado s&oacute;lo a la igualaci&oacute;n y a la producci&oacute;n en serie, sacrificando aquello por lo cual la l&oacute;gica de la obra se distingu&iacute;a de la del sistema social. Pero ello no es causa de una ley de desarrollo de la t&eacute;cnica en cuanto tal, sino de su funci&oacute;n en la econom&iacute;a actual. La necesidad que podr&iacute;a acaso escapar al control central es reprimida ya por el control de la conciencia individual. El paso del tel&eacute;fono a la radio ha separado claramente a las partes. </p><p style="text-align: justify;">El tel&eacute;fono, a&uacute;n liberal, dejaba aun al oyente la parte de sujeto. La radio, democr&aacute;tica, vuelve a todos por igual escuchas, para remitirlos autoritariamente a los programas por completo iguales de las diversas estaciones. No se ha desarrollado ning&uacute;n sistema de respuesta y las transmisiones privadas son mantenidas en la clandestinidad. Estas se limitan al mundo exc&eacute;ntrico de los "aficionados", que por a&ntilde;adidura est&aacute;n aun organizados desde arriba. Pero todo resto de espontaneidad del p&uacute;blico en el &aacute;mbito de la radio oficial es rodeado y absorbido, en una selecci&oacute;n de tipo especialista, por cazadores de talento, competencias ante el micr&oacute;fono y manifestaciones domesticadas de todo g&eacute;nero.</p><p style="text-align: justify;">Los talentos pertenecen a la industria incluso antes de que &eacute;sta los presente: de otro modo no se adaptar&iacute;an con tanta rapidez. La constituci&oacute;n del p&uacute;blico, que te&oacute;ricamente y de hecho favorece al sistema de la industria cultural, forma parte del sistema y no lo disculpa. Cuando una branche art&iacute;stica procede seg&uacute;n la misma receta de otra, muy diversa en lo que respecta al contenido y a los medios expresivos; cuando el nudo dram&aacute;tico de la soap-opera en la radio se convierte en una ilustraci&oacute;n pedag&oacute;gica del mundo en el cual hay que resolver dificultades t&eacute;cnicas, dominadas al igual que en los puntos culminantes de la vida del jazz, o cuando la "adaptaci&oacute;n" experimental de una frase de Beethoven se hace seg&uacute;n el mismo esquema con el que se lleva una novela de Tolstoy a un film, la apelaci&oacute;n a los deseos espont&aacute;neos del p&uacute;blico se convierte en un texto inconsistente. </p><p style="text-align: justify;">M&aacute;s cercana a la realidad es la explicaci&oacute;n que se basa en el peso propio, en la fuerza de inercia del aparato t&eacute;cnico y personal, que por lo dem&aacute;s debe ser considerado en cada uno de sus detalles como parte del mecanismo econ&oacute;mico de selecci&oacute;n. A ello debe agregarse el acuerdo o por lo menos la com&uacute;n determinaci&oacute;n de los dirigentes ejecutivos de no producir o admitir nada que no se asemeje a sus propias mesas, a su concepto de consumidores y sobre todo a ellos mismos.</p><p style="text-align: justify;">Si la tendencia social objetiva de la &eacute;poca se encarna en las intenciones subjetivas de los dirigentes supremos, &eacute;stos pertenecen por su origen a los sectores m&aacute;s poderosos de la industria. Los monopolios culturales son, en relaci&oacute;n con ellos, d&eacute;biles y dependientes. Deben apresurarse a satisfacer a los verdaderamente poderosos, para que su esfera en la sociedad de masas -cuyo particular car&aacute;cter de mercanc&iacute;a tiene ya demasiada relaci&oacute;n con el liberalismo acogedor y con los intelectuales jud&iacute;os- no corra peligro. La dependencia de la m&aacute;s poderosa sociedad de radiofon&iacute;a respecto a la industria el&eacute;ctrica o la del cine respecto a la de las construcciones navales, delimita la entera esfera, cuyos sectores aislados est&aacute;n econ&oacute;micamente cointeresados y son interdependientes. Todo est&aacute; tan estrechamente pr&oacute;ximo que la concentraci&oacute;n del esp&iacute;ritu alcanza un volumen que le permite traspasar los confines de las diversas empresas y de los diversos sectores t&eacute;cnicos. La unidad desprejuiciada de la industria cultural confirma la unidad -en formaci&oacute;n- de la pol&iacute;tica. Las distinciones enf&aacute;ticas, como aquellas entre films de tipo a y b o entre las historias de semanarios de distinto precio, no est&aacute;n fundadas en la realidad, sino que sirven m&aacute;s bien para clasificar y organizar a los consumidores, para adue&ntilde;arse de ellos sin desperdicio. </p><p style="text-align: justify;">Para todos hay algo previsto, a fin de que nadie pueda escapar; las diferencias son acu&ntilde;adas y difundidas artificialmente. El hecho de ofrecer al p&uacute;blico una jerarqu&iacute;a de cualidades en serie sirve s&oacute;lo para la cuantificaci&oacute;n m&aacute;s completa. Cada uno debe comportarse, por as&iacute; decirlo, espont&aacute;neamente, de acuerdo con un nivel determinado en forma anticipada por &iacute;ndices estad&iacute;sticos, y dirigirse a la categor&iacute;a de productos de masa que ha sido preparada para su tipo. Reducidos a material estad&iacute;stico, los consumidores son distribuidos en el mapa geogr&aacute;fico de las oficinas administrativas (que no se distinguen pr&aacute;cticamente m&aacute;s de las de propaganda) en grupos seg&uacute;n los ingresos, en campos rosados, verdes y azules.</p><p style="text-align: justify;">El esquematismo del procedimiento se manifiesta en que al fin los productos mec&aacute;nicamente diferenciados se revelan como iguales. El que las diferencias entre la serie Chrysler y la serie General Motors son sustancialmente ilusorias es cosa que saben incluso los ni&ntilde;os que se enloquecen por ellas. Los precios y las desventajas discutidos por los conocedores sirven s&oacute;lo para mantener una apariencia de competencia y de posibilidad de elecci&oacute;n. Las cosas no son distintas en lo que concierne a las producciones de la Warner Brothers y de la Metro Goldwin Mayer. Pero incluso entre los tipos m&aacute;s caros y menos caros de la colecci&oacute;n de modelos de una misma firma, las diferencias se reproducen m&aacute;s: en los autom&oacute;viles no pasan de variantes en el n&uacute;mero de cilindros, en el volumen, en la novedad de los gadgets; en los films se limitan a diferencias en el n&uacute;mero de divos, en el despliegue de medios t&eacute;cnicos, mano de obra, trajes y decorados, en el empleo de nuevas f&oacute;rmulas psicol&oacute;gicas. </p><p style="text-align: justify;">La medida unitaria del valor consiste en la dosis de "conspicuous production", de inversi&oacute;n exhibida. Las diferencias de valor preestablecidas por la industrial cultural no tiene nada que ver con diferencias objetivas, con el significado de los productos. Tambi&eacute;n los medios t&eacute;cnicos tienden a una creciente uniformidad rec&iacute;proca. La televisi&oacute;n tiende a una s&iacute;ntesis de radio y cine, que est&aacute; siendo retardada hasta que las partes interesadas se hayan puesto completamente de acuerdo, pero cuyas posibilidades ilimitadas pueden ser promovidas hasta tal punto por el empobrecimiento de los materiales est&eacute;ticos que la identidad apenas velada de todos los productos de la industria cultural podr&aacute; ma&ntilde;ana triunfar abiertamente, como sarc&aacute;stica realizaci&oacute;n del sue&ntilde;o wagneriano de la "obra de arte total". El acuerdo de palabra, m&uacute;sica e imagen se logra con mucha mayor perfecci&oacute;n que en Trist&aacute;n, en la medida en que los elementos sensibles, que se limitan a registrar la superficie de la realidad social, son ya producidos seg&uacute;n el mismo proceso t&eacute;cnico de trabajo y expresan su unidad como su verdadero contenido. Este proceso de trabajo integra a todos los elementos de la producci&oacute;n, desde la trama de la novela preparada ya en vistas al film, hasta el &uacute;ltimo efecto sonoro. Es el triunfo del capital invertido. Imprimir con letras de fuego su omnipotencia -la de sus manos- en el coraz&oacute;n de todos los despose&iacute;dos en busca de empleo es el significado de todos los films, independientemente de la acci&oacute;n dram&aacute;tica que la direcci&oacute;n de producciones escoge de vez en cuando.</p><p style="text-align: justify;">Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse sobre la unidad de la producci&oacute;n. La tarea que el esquematismo kantiano hab&iacute;a asignado a&uacute;n a los sujetos -la de referir por anticipado la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales- le es quitada al sujeto por la industria. La industria realiza el esquematismo como el primer servicio para el cliente. Seg&uacute;n Kant, actuaba en el alma un mecanismo secreto que preparaba los datos inmediatos para que se adaptasen al sistema de la pura raz&oacute;n. </p><p style="text-align: justify;">Hoy, el enigma ha sido develado. Incluso si la planificaci&oacute;n del mecanismo por parte de aquellos que preparan los datos, la industria cultural, es impuesta a &eacute;sta por el peso de una sociedad irracional -no obstante toda racionalizaci&oacute;n-, esta tendencia fatal se transforma, al pasar a trav&eacute;s de las agencias de la industria, en la intencionalidad astuta que caracteriza a esta &uacute;ltima. Para el consumidor no hay nada por clasificar que no haya sido ya anticipado en el esquematismo de la producci&oacute;n. El prosaico arte para el pueblo realiza ese idealismo fant&aacute;stico que iba demasiado lejos para el cr&iacute;tico. Todo viene de la conciencia: de la de Dios en Malebranche y en Berkeley; en el arte de masas, de la direcci&oacute;n terrena de la producci&oacute;n. </p><p style="text-align: justify;">No s&oacute;lo los tipos de bailables, divos, soap-operas retornan c&iacute;clicamente como entidades invariables, sino que el contenido particular del espect&aacute;culo, lo que aparentemente cambia, es a su vez deducido de aquellos. Los detalles se tornan fungibles. La breve sucesi&oacute;n de intervalos que ha resultado eficaz en un tema, el fracaso temporario del h&eacute;roe, que &eacute;ste acepta deportivamente, los saludables golpes que la hermosa recibe de las robustas manos del gal&aacute;n, los modales rudos de &eacute;ste con la heredera pervertida, son, como todos los detalles, clich&eacute;s, para emplear a gusto aqu&iacute; y all&aacute;, enteramente definidos cada vez por el papel que desempe&ntilde;an en el esquema. Confirmar el esquema, mientras lo componen, constituye toda la realidad de los detalles. En un film se puede siempre saber en seguida c&oacute;mo terminar&aacute;, qui&eacute;n ser&aacute; recompensado, castigado u olvidado; para no hablar de la m&uacute;sica ligera, en la que el o&iacute;do preparado puede adivinar la continuaci&oacute;n desde los primeros compases y sentirse feliz cuando llega. </p><p style="text-align: justify;">El n&uacute;mero medio de palabras de la short story es intocable. Incluso los gags, los efectos, son calculados y planificados. Son administrados por expertos especiales y su escasa variedad hace que se los pueda distribuir administrativamente. La industria cultural se ha desarrollado con el primado del efecto, del exploit tangible, del detalle sobre la obra, que una vez era conductora de la idea y que ha sido liquidada junto con &eacute;sta. </p><p style="text-align: justify;">El detalle, al emanciparse, se hab&iacute;a tornado rebelde y se hab&iacute;a erigido -desde el romanticismo hasta el expresionismo- en expresi&oacute;n desencadenada, en exponente de la revoluci&oacute;n contra la organizaci&oacute;n. El efecto arm&oacute;nico aislado hab&iacute;a cancelado en la m&uacute;sica la conciencia de la totalidad formal; en pintura el color particular se hab&iacute;a sobrepuesto a la composici&oacute;n del cuadro; la penetraci&oacute;n psicol&oacute;gica dominaba sobre la arquitectura de la novela. A ello pone fin con su totalidad la industria cultural. Al no reconocer m&aacute;s que a los detalles acaba con la insubordinaci&oacute;n de &eacute;stos y los somete a la f&oacute;rmula que ha tomado el lugar de la obra. La industria cultural trata de la misma forma al todo y a las partes. El todo se opone, en forma despiadada o incoherente, a los detalles, un poco como la carrera de un hombre de &eacute;xito, a quien todo debe servirle de ilustraci&oacute;n y prueba, mientras que la misma carrera no es m&aacute;s que la suma de esos acontecimientos idiotas. La llamada idea general es un mapa catastral y crea un orden, pero ninguna conexi&oacute;n. Privados de oposici&oacute;n y de conexi&oacute;n, el todo y los detalles poseen los mismos rasgos. Su armon&iacute;a garantizada desde el comienzo es la caricatura de aquella otra -conquistada- de la obra maestra burguesa. En Alemania, en los films m&aacute;s despreocupados del per&iacute;odo democr&aacute;tico, reinaba ya la paz sepulcral de la dictadura.</p><p style="text-align: justify;">El mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural. La vieja esperanza del espectador cinematogr&aacute;fico, para quien la calle parece la continuaci&oacute;n del espect&aacute;culo que acaba de dejar, debido a que &eacute;ste quiere precisamente reproducir con exactitud el mundo perceptivo de todos los d&iacute;as, se ha convertido en el criterio de la producci&oacute;n. Cuanto m&aacute;s completa e integral sea la duplicaci&oacute;n de los objetos emp&iacute;ricos por parte de las t&eacute;cnicas cinematogr&aacute;ficas, tanto m&aacute;s f&aacute;cil resulta hacer creer que el mundo exterior es la simple prolongaci&oacute;n del que se presenta en el film. A partir de la brusca introducci&oacute;n del elemento sonoro el proceso de reproducci&oacute;n mec&aacute;nica ha pasado enteramente al servicio de este prop&oacute;sito. </p><p style="text-align: justify;">El ideal consiste en que la vida no pueda distinguirse m&aacute;s de los films. El film, superando en gran medida al teatro ilusionista, no deja a la fantas&iacute;a ni al pensar de los espectadores dimensi&oacute;n alguna en la que puedan moverse por su propia cuenta sin perder el hilo, con lo que adiestra a sus propias v&iacute;ctimas para identificarlo inmediatamente con la realidad. La atrofia de la imaginaci&oacute;n y de la espontaneidad del consumidor cultural contempor&aacute;neo no tiene necesidad de ser manejada seg&uacute;n mecanismos psicol&oacute;gicos. Los productos mismos, a partir del m&aacute;s t&iacute;pico, el film sonoro, paralizan tales facultades mediante su misma constituci&oacute;n objetiva. Tales productos est&aacute;n hechos de forma tal que su percepci&oacute;n adecuada exige rapidez de intuici&oacute;n, dotes de observaci&oacute;n, competencia espec&iacute;fica, pero proh&iacute;be tambi&eacute;n la actividad mental del espectador, si &eacute;ste no quiere perder los hechos que le pasan r&aacute;pidamente delante. Es una tensi&oacute;n tan autom&aacute;tica que casi no tiene necesidad de ser actualizada para excluir la imaginaci&oacute;n. Quien est&aacute; de tal forma absorto en el universo del film, en los gestos, im&aacute;genes y palabras, que carece de la capacidad de agregar a &eacute;stos aquello por lo que podr&iacute;an ser tales, no por ello se encontrar&aacute; en el momento de la exhibici&oacute;n sumido por completo en los efectos particulares del espect&aacute;culo que contempla. A trav&eacute;s de todos los otros films y productos culturales que necesariamente debe conocer, han llegado a serle tan familiares las pruebas de atenci&oacute;n requeridas que se le producen autom&aacute;ticamente. </p><p style="text-align: justify;">La violencia de la sociedad industrial obra sobre los hombres de una vez por todas. Los productos de la industria cultural pueden ser consumidos r&aacute;pidamente incluso en estado de distracci&oacute;n. Pero cada uno de ellos es un modelo del gigantesco mecanismo econ&oacute;mico que mantiene a todos bajo presi&oacute;n desde el comienzo, en el trabajo y en el descanso que se le asemeja. De cada film sonoro, de cada transmisi&oacute;n radial se puede deducir aquello que no se podr&iacute;a traducir como efecto a ninguno de ellos aisladamente, pero s&iacute; al conjunto de todos en la sociedad. Inevitablemente, cada manifestaci&oacute;n aislada de la industria cultural reproduce a los hombres tal como aquello en que ya los ha convertido la entera industria cultural. Y todos los agentes de la industria cultural, desde el productor hasta las asociaciones femeninas, velan para que el proceso de la reproducci&oacute;n simple del esp&iacute;ritu no conduzca en modo alguno a una reproducci&oacute;n enriquecida.</p><p style="text-align: justify;">Las quejas de los historiadores del arte y de los abogados de la cultura respecto a la extinci&oacute;n de la energ&iacute;a estil&iacute;stica en Occidente son pavorosamente infundadas. La traducci&oacute;n estereotipada de todo, incluso de aquello que a&uacute;n no ha sido pensado, dentro del esquema de la reproductibilidad mec&aacute;nica, supera en rigor y validez a todo verdadero estilo, concepto este con el que los amigos de la cultura idealizan -como "org&aacute;nico"- al pasado precapitalista. Ning&uacute;n Palestrina hubiera podido expeler la disonancia no preparada y no resuelta con el purismo con el que un arrangeur de m&uacute;sica de jazz elimina hoy toda cadencia que no se adecue perfectamente a su jerga. Cuando adapta a Mozart no se limita a modificarlo all&iacute; donde es demasiado serio o demasiado dif&iacute;cil, sino tambi&eacute;n done armonizaba la melod&iacute;a en forma diversa -y acaso con m&aacute;s sencillez- de lo que se usa hoy. Ning&uacute;n constructor de iglesias medieval hubiera inspeccionado los temas de los vitrales y de las esculturas con la desconfianza con que la direcci&oacute;n del estudio cinematogr&aacute;fico examina un tema de Balzac o de V&iacute;ctor Hugo antes de que &eacute;ste obtenga el imprimatur que le permitir&aacute; continuar adelante. </p><p style="text-align: justify;">Ning&uacute;n cap&iacute;tulo habr&iacute;a asignado a las caras diab&oacute;licas y las penas de los condenados su justo puesto en el orden del sumo amor con el escr&uacute;pulo con el que la direcci&oacute;n de producci&oacute;n se lo asigna a la tortura del h&eacute;roe o a la sucinta pollera de la leading lady en la letan&iacute;a del film de &eacute;xito. El cat&aacute;logo expl&iacute;cito e impl&iacute;cito, exot&eacute;rico y esot&eacute;rico de lo prohibido y de lo tolerado, no se limita a circunscribir un sector libre, sino que lo domina y lo controla desde la superficie hasta el fondo. Incluso los detalles m&iacute;nimos son modelados seg&uacute;n sus normas. La industria cultural, a trav&eacute;s de sus prohibiciones, fija positivamente -al igual que su ant&iacute;tesis, el arte de vanguardia- un lenguaje suyo, con una sintaxis y un l&eacute;xico propios. La necesidad permanente de nuevos efectos, que quedan sin embargo ligados al viejo esquema, no hace m&aacute;s que aumentar, como regla supletoria, la autoridad de lo ordenado, a la que cada efecto particular querr&iacute;a sustraerse.</p><p style="text-align: justify;">Todo lo que aparece es sometido a un sello tan profundo que al final no aparece ya nada que no lleve por anticipado el signo de la jerga y que no demuestre ser, a primera vista, aprobado y reconocido. Pero los matadores -productores o reproductores-son aquellos que hablan la jerga con tanta facilidad, libertad y alegr&iacute;a, como si fuese la lengua que ha vencido desde hace tiempo al silencio. Es el ideal de la naturaleza en la industria, que se afirma tanto m&aacute;s imperiosamente cuanto la t&eacute;cnica perfeccionada reduce m&aacute;s la tensi&oacute;n entre imagen y vida cotidiana. La paradoja de la routine disfrazada de naturaleza se advierte en todas las manifestaciones de la industria cultural, y en muchas se deja tocar con la mano.</p><p style="text-align: justify;">Un ejecutante de jazz que debe tocar un trozo de m&uacute;sica seria, el m&aacute;s simple minuet de Beethoven, lo sincopa involuntariamente y s&oacute;lo accede a tocar las notas preliminares con una sonrisa de superioridad. Esta "naturaleza", complicada por las instancias siempre presentes y desarrolladas hasta el exceso del medio especifico, constituye el nuevo estilo, es decir, "un sistema de no-cultura, al que se le podr&iacute;a reconocer una cierta &laquo;unidad estil&iacute;stica&raquo;, si se concede que tiene sentido hablar de una barbarie estilizada".</p><p style="text-align: justify;">La fuerza universalmente vinculante de esta estilizaci&oacute;n supera ya a la de las prohibiciones y prescripciones oficiosas; hoy se perdona con m&aacute;s facilidad a un motivo que no se atenga a los treinta y dos compases que contenga aunque sea el m&aacute;s secreto detalle mel&oacute;dico o arm&oacute;nico extra&ntilde;o al idioma. Todas las violaciones de los h&aacute;bitos del oficio cometidas por Orson Welles le son perdonadas, porque -incluyendo las incorrecciones- no hacen mas que reforzar y confirmar la validez del sistema. La obligaci&oacute;n del idioma t&eacute;cnicamente condicionado que actores y directores deben producir como naturaleza, a fin de que la naci&oacute;n pueda hacerlo suyo, se refiere a matices tan sutiles que alcanzan casi el refinamiento de los medios de una obra de vanguardia, medios con los cuales esta &uacute;ltima, a diferencia de aqu&eacute;lla, sirve a la verdad. La rara capacidad para obedecer minuciosamente a las exigencias del idioma de la naturaleza en todos los sectores de la industria cultural se convierte en el criterio de la habilidad y de la competencia. Todo lo que se dice y la forma en que es dicho debe poder ser controlado en relaci&oacute;n con el lenguaje cotidiano, como ocurre en el positivismo l&oacute;gico. Los productores son expertos. </p><p style="text-align: justify;">El idioma exige una fuerza productiva excepcional, que absorbe y consume enteramente y que ha superado la distinci&oacute;n -predilecta de la teor&iacute;a conservadora de la cultura- entre estilo genuino y artificial. Como artificial podr&iacute;a ser definido un estilo impreso desde el exterior sobre los impulsos reluctantes de la figura. Pero en la industria cultural, la materia, hasta en sus &uacute;ltimos elementos, es originada por el mismo aparato que produce la jerga en que se resuelve. Las diferencias que se producen entre el "especialista art&iacute;stico" y el sponsor y el censor a prop&oacute;sito de una mentira demasiado incre&iacute;ble no son en realidad testimonio de una tensi&oacute;n est&eacute;tica interna sino m&aacute;s bien de una divergencia de intereses. La renomm&eacute;e del especialista -en la que a veces se refugia un &uacute;ltimo resto de autonom&iacute;a objetiva- entra en conflicto con la pol&iacute;tica comercial de aquellos que producen la mercanc&iacute;a cultural. </p><p style="text-align: justify;">Pero la cosa, en su esencia, est&aacute; reificada como viable aun antes de que se llegue al conflicto. A&uacute;n antes de que Zanuck la comprase, la santa Bernadette brillaba en el campo visivo de su autor como una r&eacute;clame para todos los consorcios interesados. Tal es lo queda de los impulsos aut&oacute;nomos de la obra. Y he ah&iacute; por qu&eacute; el estilo de la industria cultural, que no necesita afirmarse en la resistencia de la materia, es al mismo tiempo la negaci&oacute;n del estilo. La conciliaci&oacute;n de lo universal y lo particular, regla e instancia espec&iacute;fica del objeto -cuya realizaci&oacute;n es conditio sine qua non de la sustancia y el peso del estilo-, carece de valor porque no determina ya ninguna tensi&oacute;n entre los dos polos: los extremos que se tocan quedan traspasados en una turbia identidad, lo universal puede sustituir a lo particular y viceversa. Sin embargo, esta caricatura del estilo dice algo sobre el estilo aut&eacute;ntico del pasado. El concepto de estilo aut&eacute;ntico queda desenmascarado en la industria cultural como equivalente est&eacute;tico del dominio. La idea del estilo como coherencia puramente est&eacute;tica es una proyecci&oacute;n retrospectiva de los rom&aacute;nticos. En la unidad del estilo -no s&oacute;lo del Medioevo cristiano sino tambi&eacute;n del Renacimiento- se expresa la estructura diversa de la violencia social, y no la oscura experiencia de los dominados, en la que se encerraba lo universal. Los grandes artistas no fueron nunca quienes encarnaron el estilo en la forma m&aacute;s pura y perfecta, sino quienes acogieron en la propia obra al estilo como rigor respecto a la expresi&oacute;n ca&oacute;tica del sufrimiento, como verdad negativa. <br /><br />En el estilo de las obras la expresi&oacute;n conquistaba la fuerza sin la cual la existencia pasa deso&iacute;da. Incluso las obras tenidas por cl&aacute;sicas, como la m&uacute;sica de Mozart, contienen tendencias objetivas en contraste con su estilo. Hasta Sch&ouml;nberg y Picasso, los grandes artistas han conservado su desconfianza hacia el estilo y -en todo lo que es decisivo- se han atenido menos al estilo que a la l&oacute;gica del objeto. Lo que expresionistas y dada&iacute;stas afirmaban pol&eacute;micamente, la falsedad del estilo como tal, triunfa hoy en la jerga canora del crooner, en la gracia relamida de la star y, en fin, en la magistral imagen fotogr&aacute;fica de la choza miserable del trabajador manual.</p><p style="text-align: justify;">En toda obra de arte el estilo es una promesa. En la medida en que lo que se expresa entra a trav&eacute;s del estilo en las formas dominantes de la universalidad, en el lenguaje musical, pict&oacute;rico, verbal, deber&iacute;a reconciliarse con la idea de la verdadera universalidad. Esta promesa de la obra de arte -de fundar la verdad a trav&eacute;s de la inserci&oacute;n de la figura en las formas socialmente trasmitidas- es a la vez necesaria e hip&oacute;crita, Tal promesa pone como absoluto las formas reales de lo existente, pretendiendo anticipar su realizaci&oacute;n en sus derivados est&eacute;ticos. En este sentido la pretensi&oacute;n del arte es siempre tambi&eacute;n ideolog&iacute;a.</p><p style="text-align: justify;">Por otra parte, el arte puede hallar una expresi&oacute;n para el sufrimiento s&oacute;lo al enfrentarse con la tradici&oacute;n que se deposita en el estilo. En la obra de arte, en efecto, el momento mediante el cual trasciende la realidad resulta inseparable del estilo: pero no consiste en la armon&iacute;a realizada, en la problem&aacute;tica unidad de forma y contenido, interior y exterior, individuo y sociedad, sino en los rasgos en los que aflora la discrepancia, en el necesario fracaso de la tensi&oacute;n apasionada hacia la identidad. En lugar de exponerse a este fracaso, en el que el estilo de la gran obra de arte se ha visto siempre negado, la obra mediocre ha preferido siempre semejarse a las otras, se ha contentado con el sustituto de la identidad.</p><p style="text-align: justify;">La industria cultural, en suma, absolutiza la imitaci&oacute;n. Reducida a puro estilo, traiciona el secreto de &eacute;ste, o sea, declara su obediencia a la jerarqu&iacute;a social. La barbarie est&eacute;tica ejecuta hoy la amenaza que pesa sobre las creaciones espirituales desde el d&iacute;a en que empezaron a ser recogidas y neutralizadas como cultura. Hablar de cultura ha sido siempre algo contra la cultura. El denominador com&uacute;n "cultura" contiene ya virtualmente la toma de posesi&oacute;n, el encasillamiento, la clasificaci&oacute;n, que entrega la cultura al reino de la administraci&oacute;n. <br /><br />S&oacute;lo la subsunci&oacute;n industrializada, radical y consecuente, est&aacute; en pleno acuerdo con este concepto de cultura. Al subordinar de la misma forma todos los aspectos de producci&oacute;n espiritual al fin &uacute;nico de cerrar los sentidos de los hombres -desde la salida de la f&aacute;brica por la noche hasta el regreso frente al reloj de control la ma&ntilde;ana siguiente- mediante los sellos del proceso de trabajo que ellos mismos deben alimentar durante la jornada, la industria cultural pone en pr&aacute;ctica sarc&aacute;sticamente el concepto de cultura org&aacute;nica que los fil&oacute;sofos de la personalidad opon&iacute;an a la masificaci&oacute;n.</p><p style="text-align: justify;">De tal suerte la industria cultural, el estilo m&aacute;s inflexible de todos, se revela corno meta justamente de aquel liberalismo al que se le reprochaba falta de estilo. No se trata s&oacute;lo de que sus categor&iacute;as y sus contenidos hayan surgido de la esfera liberal, del naturalismo domesticado como de la opereta y de la revista, sino que incluso los modernos trusts culturales constituyen el lugar econ&oacute;mico donde contin&uacute;a sobreviviendo provisoriamente -con los tipos correspondientes de empresarios- una parte de la esfera tradicional de la circulaci&oacute;n en curso de demolici&oacute;n en el resto de la sociedad. Aqu&iacute; se puede hacer a&uacute;n fortuna, con tal de que no se sea demasiado exigente y se est&eacute; dispuesto a los acuerdos. Lo que resiste s&oacute;lo puede sobrevivir enquist&aacute;ndose. Una vez que lo que resiste ha sido registrado en sus diferencias por parte de la industria cultural, forma parte ya de ella, tal como el reformador agrario se incorpora al capitalismo. </p><p style="text-align: justify;">La rebeli&oacute;n que rinde homenaje a la realidad se convierte en la marca de f&aacute;brica de quien tiene una nueva idea para aportar a la industria. La esfera p&uacute;blica de la sociedad actual no deja pasar ninguna acusaci&oacute;n perceptible en cuyo tono los de o&iacute;do fino no adviertan ya la autoridad bajo cuyo signo el r&eacute;volt&eacute; se reconcilia con ellos. Cuanto m&aacute;s inconmensurable se torna el abismo entre el coro y los solistas m&aacute;s puesto hay entre estos &uacute;ltimos para quien sepa dar testimonio de su propia superioridad mediante una originalidad bien organizada. De tal suerte, incluso en la industria cultural, sobrevive la tendencia del liberalismo de dejar paso libre a los capaces. </p><p style="text-align: justify;">La funci&oacute;n de abrir camino a estos virtuosos se mantiene a&uacute;n hoy en un mercado ampliamente regulado en todo otro sentido, mercado en el que en los buenos tiempos la &uacute;nica libertad que se permit&iacute;a al arte era la de morir de hambre. No por azar surgi&oacute; el sistema de la industria cultural en los pa&iacute;ses industriales m&aacute;s liberales, as&iacute; como es en ellos donde han triunfado todos sus medios caracter&iacute;sticos, el cine, la radio, el jazz y los magazines. Es cierto que su desarrollo progresivo surg&iacute;a necesariamente de las leyes generales del capital.</p><p style="text-align: justify;">Gaumont y Path&eacute;, Ullstein y Hugenberg hab&iacute;an seguido con &eacute;xito la tendencia internacional, la dependencia de Europa respecto a los Estados Unidos -despu&eacute;s de la primera guerra mundial y de la inflaci&oacute;n- hizo el resto. Creer que la barbarie de la industria cultural constituye una consecuencia del cultural laq, del atraso de la conciencia norteamericana respecto al estado alcanzado por la t&eacute;cnica, es pura ilusi&oacute;n. Era la Europa prefascista la que estaba atrasada en relaci&oacute;n con la tendencia hacia el monopolio cultural. Pero justamente gracias a este atraso conservaba el esp&iacute;ritu un resto de autonom&iacute;a. </p><p style="text-align: justify;">En Alemania la insuficiencia del control democr&aacute;tico sobre la vida civil hab&iacute;a surtido efectos parad&oacute;jicos. Mucho se sustra&iacute;a al mecanismo del mercado, que se hab&iacute;a desencadenado en los pa&iacute;ses occidentales. El sistema educativo alem&aacute;n, incluyendo las universidades, los teatros con car&aacute;cter de gu&iacute;as en el plano art&iacute;stico, las grandes orquestas, los museos, se hallaban bajo protecci&oacute;n. Los poderes pol&iacute;ticos, estado y comunas, que hab&iacute;an recibido estas instituciones en herencia del absolutismo, les hab&iacute;an dejado su parte de aquella independencia respecto a las relaciones, fuerza expl&iacute;cita en el mercado que les hab&iacute;a sido concedida a pesar de todo hasta fines del siglo XIX por los pr&iacute;ncipes y se&ntilde;ores feudales. Ello reforz&oacute; la posici&oacute;n del arte burgu&eacute;s tard&iacute;o contra el veredicto de la oferta y la demanda, y favoreci&oacute; su resistencia mucho m&aacute;s all&aacute; de la protecci&oacute;n acordada. Incluso en el mercado el homenaje a la calidad todav&iacute;a no traducible en valor corriente se resolv&iacute;a en poder de adquisici&oacute;n, gracias a lo cual dignos editores literarios y musicales pod&iacute;an ocuparse de autores que no atra&iacute;an m&aacute;s que la estima de los entendidos. </p><p style="text-align: justify;">S&oacute;lo la obligaci&oacute;n de inscribirse continuamente -bajo las amenazas m&aacute;s graves- como experto est&eacute;tico la vida industrial ha esclavizado definitivamente al artista. En una &eacute;poca firmaban sus cartas, como Kant y Hume, calific&aacute;ndose de "siervos humild&iacute;simos", mientras minaban las bases del trono y del altar. Hoy se tutean con los jefes de estado y est&aacute;n sometidos, en lo que respecta a todos sus impulsos art&iacute;sticos, al juicio de sus jefes iletrados. El an&aacute;lisis cumplido por Tocqueville hace cien a&ntilde;os se ha cumplido plenamente.<br /><br />Bajo el monopolio privado de la cultura acontece realmente que "la tiran&iacute;a deja libre el cuerpo y embiste directamente contra el alma. El amo no dice m&aacute;s: debes pensar como yo o morir. Dice: eres libre de no pensar como yo, tu vida, tus bienes, todo te ser&aacute; dejado, pero a partir de este momento eres un intruso entre nosotros". Quien no se adapta resulta v&iacute;ctima de una impotencia econ&oacute;mica que se prolonga en la impotencia espiritual del aislado. Excluido de la industria, es f&aacute;cil convencerlo de su insuficiencia. Mientras que en la producci&oacute;n material el mecanismo de la oferta y la demanda se halla ya en v&iacute;as de disoluci&oacute;n, contin&uacute;a operando en la superestructura como control que beneficia a los amos. Los consumidores son los obreros y empleados, farmers y peque&ntilde;os burgueses. </p><p style="text-align: justify;">La totalidad de las instituciones existentes los aprisiona de tal forma en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece. Y como los dominados .han tomado siempre la moral que les ven&iacute;a de los se&ntilde;ores con mucha m&aacute;s seriedad que estos &uacute;ltimos, as&iacute; hoy las masas enga&ntilde;adas creen en el mito del &eacute;xito aun m&aacute;s que los afortunados. Las masas tienen lo que quieren y reclaman obstinadamente la ideolog&iacute;a mediante la cual se las esclaviza. La funesta adhesi&oacute;n del pueblo al mal que se le hace llega incluso a anticipar la sabidur&iacute;a de las presiones y supera el rigor de la Hays Office. </p><p style="text-align: justify;">Esa adhesi&oacute;n sostiene a Mickey Rooney contra la tr&aacute;gica Garbo. La industria se adapta a tales pedidos. Lo que representa un pasivo para la firma aislada, que a veces no puede explotar hasta el fin el contrato con la estrella en declinaci&oacute;n, constituye un costo razonable para el sistema en total. Al ratificar astutamente los pedidos de relevos, inaugura la armon&iacute;a total. Juicio cr&iacute;tico y competencia son prohibidos como presunci&oacute;n de quien se cree superior a los otros, en una cultura democr&aacute;tica que reparte sus privilegios entre todos. Frente a la tregua ideol&oacute;gica, el conformismo de los consumidores, as&iacute; como la impudicia de la producci&oacute;n que &eacute;stos mantienen en vida, conquista una buena conciencia. Tal conformismo se contenta con la eterna repetici&oacute;n de lo mismo. La eterna repetici&oacute;n de lo mismo regula tambi&eacute;n la relaci&oacute;n con el pasado. La novedad del estadio de la cultura de masas respecto al liberal tard&iacute;o consiste en la exclusi&oacute;n de lo nuevo. La m&aacute;quina rueda sur place. Cuando llega al punto de determinar el consumo, descarta como riesgo in&uacute;til lo que aun no ha sido experimentado. </p><p style="text-align: justify;">Los cineastas consideran con sospecha todo manuscrito tras el cual no haya ya un tranquilizador best-seller Justamente por eso se habla siempre de idea, novelty y surprise, de algo que a la vez sea archiconocido y no haya existido nunca. Para eso sirven el ritmo y el dinamismo. Nada debe quedar como estaba, todo debe correr continuamente, estar en movimiento. Por que s&oacute;lo el universal triunfo del ritmo de producci&oacute;n v reproducci&oacute;n mec&aacute;nica garantiza que nada cambia, que no surge nada sorprendente. Los agregados al inventario cultural experimentado son demasiado arriesgados y azarosos. Los tipos formales congelados, como sketch, short story, film de tesis, canci&oacute;n, son el prototipo, y amenazadoramente octroy&eacute;, del gusto liberal tard&iacute;o. Los dirigentes de las empresas culturales, que proceden de acuerdo entre s&iacute; como si fueran un solo manager, han racionalizado desde hace tiempo el esp&iacute;ritu objetivo. Es como si un tribunal omnipresente hubiese examinado el material y establecido el cat&aacute;logo oficial de los bienes culturales, que ilustra brevemente sobre las series disponibles.</p><p style="text-align: justify;">Las ideas se hallan inscriptas en el cielo de la cultura, en el cual ya numeradas, incluso convertidas en n&uacute;meros, inmutables, hab&iacute;an sido encerrados por Plat&oacute;n. Todos los elementos de la industria cultural, exist&iacute;an mucho antes que &eacute;sta. Ahora son retomados desde lo alto y llevados al nivel de los tiempos. La industria cultural puede jactarse de haber actuado con energ&iacute;a y de haber erigido como principio la transposici&oacute;n -a menudo torpe- del arte a la esfera del consumo, de haber liberado al amusement de sus ingenuidades m&aacute;s molestas y de haber mejorado la confecci&oacute;n de las mercanc&iacute;as. Cuanto m&aacute;s total ha llegado a ser, cuanto m&aacute;s despiadadamente ha obligado a todo outsider a quebrar o a entrar en la corporaci&oacute;n, tanto m&aacute;s fina se ha vuelto, hasta terminar en una s&iacute;ntesis de Beethoven con el Casino de Par&iacute;s. Su triunfo es doble: lo que gasta fuera de s&iacute; como verdad puede reproducirlo a placer dentro de s&iacute; como mentira. El arte "ligero" como tal, la distracci&oacute;n, no es una forma morbosa y degenerada. Quien lo acusa de traici&oacute;n respecto al ideal de la pura expresi&oacute;n se hace ilusiones respecto a la sociedad La pureza del arte burgu&eacute;s, que se ha hipostatizado como reino, de la libertad en oposici&oacute;n a la praxis material, ha sido pagada desde el principio con la exclusi&oacute;n de la clase inferior, a cuya causa -la verdadera universalidad- el arte sigue siendo fiel justamente gracias a la libertad respecto a los fines de la falsa libertad. El arte serio se ha negado a aquellos para qui&eacute;nes la necesidad y la presi&oacute;n del sistema convierten a la seriedad en una burla, y que por necesidad se sienten contentos cuando pueden transcurrir pasivamente el tiempo que no est&aacute;n atados a la rueda. </p><p style="text-align: justify;">El arte "ligero" ha acompa&ntilde;ado como una sombra al arte aut&oacute;nomo. El arte "ligero" es la mala conciencia social del arte serio. Lo que el arte serio deb&iacute;a perder en t&eacute;rminos de verdad en base a sus premisas sociales confiere al arte "ligero" una, apariencia de legitimidad. La verdad reside en la escisi&oacute;n misma, que expresa por lo menos la negatividad de la cultura que constituyen, sum&aacute;ndose, las dos esferas. En modo alguno se deja conciliar la ant&iacute;tesis cuando se acoge al arte ligero en el serio o viceversa. Justamente esto es lo que trata de hacer la industria cultural. La excentricidad del circo, del panopticum y del burdel respecto a la sociedad le molesta tanto como la de Sch&ouml;nberg y de Karl Krauss. As&iacute; Benny Goodman es acompa&ntilde;ado por el cuarteto de Budapest y toca con ritmo m&aacute;s pedante que un clarinetista de orquesta filarm&oacute;nica, mientras que los integrantes del cuarteto tocan en la misma forma lisa y vertical y con la misma dulzoner&iacute;a con que lo hace Guy Lombardo. </p><p style="text-align: justify;">Lo notable no es la crasa incultura, la torpeza o la estupidez. Los rechazos de anta&ntilde;o han sido liquidados por la industria cultural gracias a su misma perfecci&oacute;n, la prohibici&oacute;n y la domesticaci&oacute;n del dilettantismo, a&uacute;n cuando cometa continuamente gaffes enormes, inseparables de la idea misma de un nivel "sostenido". Pero lo nuevo consiste en que elementos inconciliables de la cultura, arte y diversi&oacute;n, sean reducidos mediante la subordinaci&oacute;n final a un solo falso denominador: la totalidad de la industria cultural. &Eacute;sta consiste en la repetici&oacute;n. No es cosa extr&iacute;nseca al sistema el hecho de que sus innovaciones t&iacute;picas consistan siempre y &uacute;nicamente en mejoramientos de la reproducci&oacute;n en masa. Con raz&oacute;n el inter&eacute;s de los innumerables consumidores va por entero hacia la t&eacute;cnica y no hacia los contenidos r&iacute;gidamente repetidos, &iacute;ntimamente vacuos y ya medio abandonados. </p><p style="text-align: justify;">El poder social adorado por los espectadores se expresa con m&aacute;s validez en la omnipresencia del estereotipo realizada e impuesta por la t&eacute;cnica que en las ideolog&iacute;as viejas de las que deben responder los ef&iacute;meros contenidos. No obstante, la industria cultural sigue siendo la industria de la diversi&oacute;n. Su poder sobre los consumidores es mediado por el amusement, que al fin es anulado no por un mero diktat, sino por la hostilidad inherente al principio mismo del amusement. Dado que la transfusi&oacute;n de todas las tendencias de la industria cultural a la carne y a la sangre del p&uacute;blico se cumple a trav&eacute;s del entero proceso social, la supervivencia del mercado en este sector obra en el sentido de promover ulteriormente dichas tendencias.</p><p style="text-align: justify;">La demanda no se halla aun sustituida por la pura obediencia. Hasta tal punto es verdad esto que la gran reorganizaci&oacute;n del cine en v&iacute;speras de la primera guerra mundial -condici&oacute;n material de su expansi&oacute;n- consisti&oacute; justamente en una adaptaci&oacute;n consciente a las necesidades del p&uacute;blico calculadas seg&uacute;n las cifras de boleter&iacute;a, dato que en los tiempos de los pioneros de la pantalla no se so&ntilde;aba siquiera en tomar en consideraci&oacute;n. A los magnates del cine, que hacen siempre pruebas sobre sus ejemplos (sobre sus &eacute;xitos m&aacute;s o menos clamorosos) y nunca, sabiamente, sobre el ejemplo contrario, sobre la verdad, les parece as&iacute; incluso hoy. Su ideolog&iacute;a son los negocios. En todo ello es verdadero que la fuerza de la industria cultural reside en su unidad con la necesidad producida y no en el conflicto con &eacute;sta, ya sea a causa de la omnipotencia o de la impotencia. </p><p style="text-align: justify;">El amusement es la prolongaci&oacute;n del trabajo bajo el capitalismo tard&iacute;o. Es buscado por quien quiere sustraerse al proceso del trabajo mecanizado para ponerse de nuevo en condiciones de poder afrontarlo. Pero al mismo tiempo la mecanizaci&oacute;n ha conquistado tanto poder sobre el hombre durante el tiempo libre y sobre su felicidad, determina tan &iacute;ntegramente la fabricaci&oacute;n de los productos para distraerse, que el hombre no tiene acceso m&aacute;s que a las copias y a las reproducciones del proceso de trabajo mismo. El supuesto contenido no es m&aacute;s que una p&aacute;lida fachada; lo que se imprime es la sucesi&oacute;n autom&aacute;tica de operaciones reguladas. S&oacute;lo se puede escapar al proceso de trabajo en la f&aacute;brica y en la oficina adecu&aacute;ndose a &eacute;l en el ocio. De ello sufre incurablemente todo amusement. El placer se petrifica en aburrimiento, pues, para que siga siendo placer, no debe costar esfuerzos y debe por lo tanto moverse estrechamente a lo largo de los rieles de las asociaciones habituales. </p><p style="text-align: justify;">El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexi&oacute;n l&oacute;gica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada. Los desarrollos deben surgir en la medida de lo posible de las situaciones inmediatamente anteriores, y no de la idea del conjunto. No hay conflicto que resista al celo de los colaboradores para extraer de cada escena todo lo que puede dar. Por &uacute;ltimo aparece como peligroso incluso el esquema, en la medida en que ha instituido aunque sea un pobre contexto significativo, dado que s&oacute;lo se acepta la falta de significado. A menudo, en medio de la tarea, es malignamente rechazada la continuaci&oacute;n que los caracteres y la historia exig&iacute;an seg&uacute;n el plan primitivo. En su lugar se adopta, como paso inmediato, la idea aparentemente m&aacute;s eficaz que los escenaristas encuentran cada vez para la situaci&oacute;n dada. Una sorpresa mal escogida irrumpe en la materia cinematogr&aacute;fica.</p><p style="text-align: justify;">La tendencia del producto a volver malignamente al puro absurdo, del que participaba leg&iacute;timamente el arte popular y la payasada hasta Chaplin y los hermanos Marx, aparece en la forma mas evidente en los g&eacute;neros menos cuidados. Mientras los films de Greer Garson y Bette Davis extraen aun de la unidad del caso psicol&oacute;gico-social algo parecido a la pretensi&oacute;n de una acci&oacute;n coherente, la tendencia al absurdo se ha impuesto plenamente en el texto del novelty song, en el film amarillo y en los dibujos animados. La idea misma -como los objetos de lo c&oacute;mico y de lo horrible- es despedazada.</p><p style="text-align: justify;">Los novelty songs han vivido siempre del desprecio respecto al significado, que -precursores y sucesores del psicoan&aacute;lisis-reducen a la unidad indistinta del simbolismo sexual. En los films policiales y de aventuras no se concede ya hoy al espectador que asista a una clarificaci&oacute;n progresiva. Debe contentarse -incluso en las producciones no ir&oacute;nicas del g&eacute;nero- con el resplandor de situaciones ya casi carentes de conexi&oacute;n necesaria entre ellas. Los dibujos animados eran en una &eacute;poca exponentes de la fantas&iacute;a contra el racionalismo. Hac&iacute;an justicia a los animales y a las cosas electrizados por su t&eacute;cnica, pues pese a mutilarlos les confer&iacute;an una segunda vida. Ahora no hacen m&aacute;s que confirmar la victoria de la raz&oacute;n tecnol&oacute;gica sobre la verdad. </p><p style="text-align: justify;">Hace algunos a&ntilde;os ten&iacute;an una acci&oacute;n coherente, que se disolv&iacute;a s&oacute;lo en los &uacute;ltimos minutos en el ritmo endiablado de los acontecimientos. Su desarrollo se asemejaba en esto al viejo esquema de la slapstick comedy. Pero ahora las relaciones de tiempo han cambiado. En las primeras secuencias del dibujo animado se anuncia un tema de acci&oacute;n sobre el cual se ejercitar&aacute; la destrucci&oacute;n: entre los aplausos del p&uacute;blico el protagonista es golpeado por todos como una pelota. De tal forma la cantidad de la diversi&oacute;n organizada se transfiere a la calidad de la ferocidad organizada. Los censores auto-designados de la industria cinematogr&aacute;fica, unidos a &eacute;sta por una afinidad electiva vigilan la duraci&oacute;n del delito prolongado como espect&aacute;culo divertido. La hilaridad quiebra el placer que podr&iacute;a proporcionar, en apariencia, la visi&oacute;n del abrazo, y remite la satisfacci&oacute;n al d&iacute;a del pogrom. Si los dibujos animados tienen otro efecto fuera del de acostumbrar los sentidos al nuevo ritmos es el de martillar en todos los cerebros la antigua verdad de que el maltrato continuo, el quebrantamiento de toda resistencia individual es la condici&oacute;n de vida en esta sociedad. El Pato Donald en los dibujos animados como los desdichados en la realidad reciben sus puntapi&eacute;s a fin de que los espectadores se habit&uacute;en a los suyos.</p><p style="text-align: justify;">El placer de la violencia hecha al personaje se convierte en violencia contra el espectador, la diversi&oacute;n se convierte en tensi&oacute;n. Al ojo fatigado no debe escapar nada que los expertos hayan elegido como estimulante, no hay que mostrar jam&aacute;s asombro ante la astucia de la representaci&oacute;n, hay que manifestar siempre esa rapidez en la reacci&oacute;n que el tema expone y recomienda. As&iacute; resulta por lo menos dudoso que la industria cultural cumpla con la tarea de divertir de la que abiertamente se jacta. Si la mayor parte de las radios y de los cines callasen, es sumamente probable que los consumidores no sentir&iacute;an en exceso su falta. Ya el paso de la calle al cine no introduce m&aacute;s en el sue&ntilde;o, y si las instituciones dejasen durante un cierto per&iacute;odo de obligar a que se lo usase, el impulso a utilizarlo luego no ser&iacute;a tan fuerte. Este cierre no ser&iacute;a un reaccionario "asalto a las m&aacute;quinas". No ser&iacute;an tanto los fan&aacute;ticos quienes se sentir&iacute;an desilusionados como aquellos que, por lo dem&aacute;s, nos llevan siempre a las mismas, es decir, los atrasados. Para el ama de casa la oscuridad del cine -a pesar de los films destinados a integrarla ulteriormente- representa un refugio donde puede permanecer sentada durante un par de horas en paz como anta&ntilde;o, cuando hab&iacute;a aun departamentos y noches de fiesta y se quedaba en la ventana mirando hacia afuera. </p><p style="text-align: justify;">Los desocupados de los grandes centros encuentran fresco en verano y calor en invierno en los locales con la temperatura regulada. En ning&uacute;n otro sentido el hinchado sistema de la industria de las diversiones hace la vida m&aacute;s humana para los hombres. La idea de "agotar" las posibilidades t&eacute;cnicas dadas, de utilizar plenamente las capacidades existentes para el consumo est&eacute;tico de masa, forma parte del sistema econ&oacute;mico que rechaza la utilizaci&oacute;n de las capacidades cuando se trata de eliminar el hambre.</p><p style="text-align: justify;">La industria cultural defrauda continuamente a sus consumidores respecto a aquello que les promete. El pagar&eacute; sobre el placer emitido por la acci&oacute;n y la presentaci&oacute;n es prorrogado indefinidamente: la promesa a la que el espect&aacute;culo en realidad se reduce significa malignamente que no se llega jam&aacute;s al quid, que el hu&eacute;sped debe contentarse con la lectura del men&uacute;. Al deseo suscitado por los espl&eacute;ndidos nombres e im&aacute;genes se le sirve al final s&oacute;lo el elogio de la gris routine a la que &eacute;ste procuraba escapar. Las obras de arte no consist&iacute;an en exhibiciones sexuales. Pero al representar la privaci&oacute;n como algo negativo revocaban, por as&iacute; decir, la humillaci&oacute;n del instinto y salvaban lo que hab&iacute;a sido negado. Tal es el secreto de la sublimaci&oacute;n est&eacute;tica: representar el cumplimiento a trav&eacute;s de su misma negaci&oacute;n. La industria cultural no sublima, sino que reprime y sofoca. </p><p style="text-align: justify;">Al exponer siempre de nuevo el objeto del deseo, el seno en el sweater o el torso desnudo del h&eacute;roe deportivo, no hace m&aacute;s que excitar el placer preliminar no sublimado que, por el h&aacute;bito de la privaci&oacute;n, se ha convertido desde hace tiempo en puramente masoquista No hay situaci&oacute;n er&oacute;tica que no una a la alusi&oacute;n y a la excitaci&oacute;n la advertencia precisa de que no se debe jam&aacute;s llegar a ese punto. La Hays Office no hace m&aacute;s que confirmar el ritual que la industria cultural se ha fijado para s&iacute; misma: el de T&aacute;ntalo. Las obras de arte son asc&eacute;ticas y sin pudores; la industria cultural es pornogr&aacute;fica y prude. De tal suerte convierte el amor en historieta.</p><p style="text-align: justify;">Y as&iacute; se deja pasar mucho, hasta el libertinaje como especialidad corriente, en peque&ntilde;as dosis y con la etiqueta de daring. La producci&oacute;n en serie del sexo pone en pr&aacute;ctica autom&aacute;ticamente su represi&oacute;n. El astro del cual habr&iacute;a que enamorarse es a priori, en su ubicuidad, una copia de s&iacute; mismo. Toda voz de tenor suena exactamente como un disco de Caruso y las caras de las muchachas de Texas se asemejan ya al natural a los modelos triunfantes seg&uacute;n los cuales ser&iacute;an clasificadas en Hollywood. La reproducci&oacute;n mec&aacute;nica de lo bello -que la exaltaci&oacute;n reaccionaria de la cultura favorece fatalmente con su idolatr&iacute;a sistem&aacute;tica de la individualidad- no deja ning&uacute;n lugar para la inconsciente a la que estaba ligada lo bello. El triunfo sobre lo bello es cumplido por el humor, por el placer que se experimenta ante la vista de cada privaci&oacute;n lograda. Se r&iacute;e del hecho de que no hay nada de que re&iacute;r. La risa, serena o terrible, marca siempre el momento en que se desvanece un miedo. La risa anuncia la liberaci&oacute;n, ya sea respecto al peligro f&iacute;sico, ya respecto a las redes de la l&oacute;gica. La e risa serena es como el eco de la liberaci&oacute;n respecto al poder; el terrible vence el miedo aline&aacute;ndose con las fuerzas que hay que temer. </p><p style="text-align: justify;">Es el eco del poder como fuerza ineluctable. El fun es un ba&ntilde;o reconfortante. La industria de las diversiones lo recomienda continuamente. En ella la risa se convierte en un instrumento de la estafa respecto a la felicidad. Los momentos de felicidad no conocen la risa; s&oacute;lo las operetas y luego los films presentan al sexo con risas. Pero Baudelaire carece de humor al igual que H&ouml;lderlin. En la falsa sociedad la risa ha herido a la felicidad como una lepra y la arrastra a su totalidad insignificante. Re&iacute;rse de algo es siempre burlarse; la vida que, seg&uacute;n Bergson, rompe la corteza endurecida, es en realidad la irrupci&oacute;n de la barbarie, la afirmaci&oacute;n de s&iacute; que en la asociaci&oacute;n social celebra su liberaci&oacute;n de todo escr&uacute;pulo. Lo colectivo de los que r&iacute;en es la parodia de la humanidad. Son m&oacute;nadas, cada una de las cuales se abandona a la voluptuosidad de estar dispuesta a todo, a expensas de todas las otras. En tal armon&iacute;a proporcionan la caricatura de la solidaridad. En la risa falsa es diab&oacute;lico justamente el hecho de que &eacute;sta pueda parodiar victoriosamente incluso lo mejor: la conciliaci&oacute;n. Pero el placer es severo: res severa verum gaudium.</p><p style="text-align: justify;">La ideolog&iacute;a de los conventos, de que no es la ascesis sino el acto sexual lo que implica renuncia a la felicidad accesible, se ve confirmada en forma negativa por la seriedad del amante que en un presagio suspende su vida ante el instante que huye. La industria cultural pone la frustraci&oacute;n jovial en el puesto del dolor presente tanto en la ebriedad como en la ascesis. La ley suprema es que sus s&uacute;bditos no alcancen jam&aacute;s aquello que desean, y justamente con ello deben re&iacute;r y contentares. </p><p style="text-align: justify;">La frustraci&oacute;n permanente impuesta por la civilizaci&oacute;n es ense&ntilde;ada y demostrada a sus v&iacute;ctimas en cada acto de la industria cultural, sin posibilidad de equ&iacute;vocos. Ofrecer a tales v&iacute;ctimas algo y privarlas de ello es un solo y mismo acto. Ese es el efecto de todo el aparato er&oacute;tico. Todo gira en torno al coito, justamente porque &eacute;ste no puede cumplirse jam&aacute;s. Admitir en un film una acci&oacute;n ileg&iacute;tima sin que los culpables padezcan el justo castigo est&aacute; prohibido con mayor severidad aun que -supongamos- el futuro yerno del millonario desarrolle una actividad en el movimiento obrero. En contraste con la era liberal, la cultura industrializada, como la fascista, puede concederse el desd&eacute;n hacia el capitalismo, pero no la renuncia a la amenaza de castraci&oacute;n. Tal amenaza constituye la esencia &iacute;ntegra de la cultura industrializada. Lo decisivo hoy no es ya m&aacute;s el puritanismo -aunque &eacute;ste contin&uacute;e haci&eacute;ndose valer bajo la forma de las asociaciones femeninas-, sino la necesidad intr&iacute;nseca al sistema de no dar al consumidor jam&aacute;s la sensaci&oacute;n de que sea posible oponer resistencia. El principio impone presentar al consumidor todas las necesidades como si pudiesen ser satisfechas por la industria cultural, pero tambi&eacute;n organizar esas necesidades en forma tal que el consumidor aprenda a trav&eacute;s de ellas que es s&oacute;lo y siempre un eterno consumidor, un objeto de la industria cultural. La industria cultural no s&oacute;lo le hace comprender que su enga&ntilde;o residir&iacute;a en el cumplimiento de lo prometido, sino que adem&aacute;s debe contentarse con lo que se le ofrece. </p><p style="text-align: justify;">La evasi&oacute;n respecto a la vida cotidiana que la industria cultural, en todos sus ramos, promete procurar es como el rapto de la hija en la historieta norteamericana: el padre mismo sostiene la escalera en la oscuridad. La industria cultural vuelve a proporcionar como para&iacute;so la vida cotidiana. Escape y elopement est&aacute;n destinados a priori a reconducir al punto de partida. La distracci&oacute;n promueve la resignaci&oacute;n que quiere olvidarse en la primera.</p><p style="text-align: justify;">El amusement por completo emancipado no s&oacute;lo ser&iacute;a la ant&iacute;tesis del arte, sino tambi&eacute;n el extremo que toca a &eacute;ste. El absurdo d la Mark Twain, hacia el que a veces hace insinuaciones la industria cultural norteamericana, podr&iacute;a ser un correctivo del arte. El amusement, cuanto m&aacute;s se toma en serio su contradicci&oacute;n con la realidad, m&aacute;s se asemeja a la seriedad de la real a que se opone; cuanto m&aacute;s trata de desarrollarse puramente a partir de su propia ley formal, tanto mayor es el esfuerzo de comprensi&oacute;n que exige, mientras que su fin era justamente negar el peso del esfuerzo y del trabajo. En muchos film-revista y sobre todo en la farsa y en los funnies relampaguea por momentos la posibilidad misma de esta negaci&oacute;n. A cuya realizaci&oacute;n, por lo dem&aacute;s, no es l&iacute;cito llegar. La pura diversi&oacute;n en su l&oacute;gica, el despreocupado abandono a las m&aacute;s variadas asociaciones y felices absurdos, est&aacute;n excluidos de la diversi&oacute;n corriente, por causa del sustituto de un significado coherente que la industria cultural se obstina en a&ntilde;adir a sus producciones, mientras por otro lado, gui&ntilde;ando el ojo, trata a tal signiflcado como simple pretexto para la aparici&oacute;n de los divos.</p>]]></description>            <pubDate>Fri, 17 Apr 2009 18:49:10 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>La historia de un hijo de puta llamado Elia Kazan</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/04/00056-la-historia-de-un-hijo-de-puta-llamado-elia-kazan.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="121" src="http://i39.tinypic.com/wqv4md.jpg" width="120" /></p><p style="text-align: justify;">Este director de cine y escritor estadounidense nacido en Estambul el 7 de septiembre de 1909 y muerto en el 2003, es nada m&aacute;s y nada menos que el socio dentro de la industria del cine norteamericano (Hollywood) del senador Joseph McCarthy quien desencaden&oacute; entre los a&ntilde;os 1950 a 1956 una verdadera persecuci&oacute;n pol&iacute;tica dentro de su pa&iacute;s. Esto trajo denuncias, procesos irregulares y listas negras de personas sospechosas de ser "comunistas" o bien llamados liberales. Los sectores que se opusieron a los m&eacute;todos de McCarthy denunciaron el proceso como "caza de brujas" al mejor estilo de la inquisici&oacute;n incluso el dramaturgo Arthur Miller escribi&oacute; su famosa obra "Las Brujas de Salem" en 1953.<br /><br />Este buen hombre de Kazan brind&oacute; su testimonio ante el Comit&eacute; de Actividades Antinorteamericanas en la &eacute;poca del Mccarthismo y testific&oacute; contra sus antiguos compa&ntilde;eros del Partido Comunista, con esto qued&oacute; maldito de por vida entre la gente del ambiente incluso sus propios colegas. Su gran obra fue colaborar en las famosas listas negras que dejaron sin trabajo a miles de personas, ya que quienes figuraban en esa lista no pod&iacute;an volver a trabajar en la industria, de hecho nadie se animar&iacute;a a contratarlos, s&oacute;lo por el hecho de "quiz&aacute;s" tener ideas pol&iacute;ticas diferentes a estos sujetos. Lo m&aacute;s penoso fue verlo recibir su "Oscar Honor&iacute;fico" durante dicha ceremonia del a&ntilde;o 1999 fueron muchos los que se negaron a aplaudirle o a ponerse de pie, incluso el actor Sean Penn en otro gesto que lo enaltece se anim&oacute; a levantarse de su butaca y retirarse de la sala.</p><p style="text-align: justify;">Kazan trat&oacute; de justificar su denuncias en una novela llamada "El Anatolio" y en su pel&iacute;cula "Am&eacute;rica" explica que su "admiraci&oacute;n" por el modo de vida americano le llev&oacute; a tomar esas acciones. Este extranjero buen patriota relata en su novela los avatares de un joven griego que deja su tierra en busca del milagro americano. Kazan tambi&eacute;n se atrevi&oacute; a deformar la historia de la lucha de los obreros portuarios de Nueva York en "La ley del Silencio"donde los sindicatos de obreros portuarios, que ten&iacute;an mayor&iacute;a de activistas comunistas, aparecen dominados por una supuesta mafia. Durante el per&iacute;odo conocido como "caza de brujas", protagonizado por este senador cat&oacute;lico McCarthy el objetivo fue perseguir la incursi&oacute;n comunista en Estados Unidos, la gran naci&oacute;n democr&aacute;tica bordeo la tentaci&oacute;n fascista, al pasar por un per&iacute;odo inquisitorial durante el cual muchos ciudadanos inocentes sufrieron persecuci&oacute;n por simples sospechas. </p><p style="text-align: justify;">Todo el mundo en Hollywood comentaba que Kazan, hab&iacute;a sido integrante del "Partido Comunista de Hazengang" (Michigan) y que se libr&oacute; de las represalias por desenmascarar como comunistas a sus compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n como Burt Lancaster o Shirley Temple. Muchos dicen que este largometraje sirvi&oacute; para justificar la traici&oacute;n de Kazan. Todos los imputados por sus denuncias hicieron un boicot contra su persona pero con "La ley del silencio" logr&oacute; de nuevo el benepl&aacute;cito de la inocente opini&oacute;n p&uacute;blica norteamericana. </p><p style="text-align: justify;">Todas estas caracter&iacute;sticas se aprecian en el personaje que interpreta Marlon Brando que intenta disculparse como si fuese el mismo Kazan. Si nos detenemos en la actitud de sopl&oacute;n que toma su personaje "Terry" nos daremos cuenta que en vez de mostrarse como un ser vil y maquiav&eacute;lico se nos presenta casi como un h&eacute;roe ca&iacute;do de su trono. Esto es muy de Elia Kazan, el protagonista reacciona ante las injusticias y lucha por su vida, mientras que el director reacciona ante las acusaciones y defiende su status econ&oacute;mico y social.</p><p style="text-align: justify;">Finalmente esta "caza de brujas" ces&oacute; cuando el senador McCarthy termin&oacute; desacreditado por sus m&eacute;todos y fue destituido en 1954, aunque sigui&oacute; presente en los actos y en las reuniones dadas por el comit&eacute;. Algo de esto puede verse en el film "Buenas Noches y Buena Suerte" de George Cloney.</p><p style="text-align: justify;">M&aacute;s all&aacute; de su trabajo como director con pel&iacute;culas de reconocida jerarqu&iacute;a que no se pueden negar, su nombre figura en una de las p&aacute;ginas m&aacute;s negras de la historia del cine mundial.</p>]]></description>            <pubDate>Wed, 15 Apr 2009 21:40:26 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Curso de talla en poliestireno expandido</title>            <link>http://ecine.blogcindario.com/2009/04/00055-curso-de-talla-en-poliestireno-expandido.html</link>            <description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img height="144" src="http://i39.tinypic.com/6ithj6.jpg" width="166" /></p><p style="text-align: justify;"><p style="text-align: justify;">Es un material pl&aacute;stico espumado, de color blanco, derivado del poliestireno y es muy utilizado para fabricar envases y embalajes, tambi&eacute;n se usa como aislante en la construcci&oacute;n. En los pa&iacute;ses hispanohablantes se le conoce con diferentes nombres:</p><p style="text-align: justify;">Argentina: Telgopor- Espa&ntilde;a: Porexpan, poliexpan o corcho blanco - Per&uacute;: Tecnopor - Bolivia: Plastoformo - Colombia: Icopor - M&eacute;xico: Unicel<br />Guatemala: Duropor - Uruguay: Espuma plast - Ecuador: Espuma-flex - Venezuela: Anime</p><p style="text-align: justify;">Este dato es importante sobre todo a la hora de querer conseguirlo, incluso tengo entendido que en algunos pa&iacute;ses es dif&iacute;cil de conseguir. El punto es que junto con la madera es uno de los elementos m&aacute;s utilizados para la fabricaci&oacute;n de decorados, por su bajo costo y f&aacute;cil manejo, adem&aacute;s de ser muy liviano, algo muy &uacute;til ya que en los set los decorados deben moverse permanentemente. Pueden llegarse incluso a construirse piezas gigantes como estatuas o tanques de guerra.</p><p style="text-align: justify;">El poliestireno expandido se fabrica en bloques de 2 metros de alto x 1 metro de ancho y 50 cm de espesor, despu&eacute;s se corta en las diferentes medidas para comercializarse, pero si uno lo desea puede comprar directamente uno de estos bloques. Este material depende de la densidad de las "bolitas" 10, 12, 15, 20, 25, 30 etc, las bolitas son siempre las mismas lo &uacute;nico que dando calor con una m&aacute;quinas pueden comprimirlas logrando una pieza de m&aacute;xima dureza y resistencia, como por ejemplo los contenedores para mantener el fr&iacute;o o vender crema helada, mientras m&aacute;s peque&ntilde;a la bolita m&aacute;s resistente. Para escenograf&iacute;a se compra el bloque entero o se vende en las tiendas por kg. 10 k 15k 20 k etc. para pegarlo se usa un pegamento especial (cemento de contacto para poliestireno expandido) Este cemento tarda muy poco en pegar aprox 2 minutos. Tambi&eacute;n puede conseguirse con forma de esferas mazisas o huecas o incluso las cabezas para las pelucas.</p><p style="text-align: center;"><img src="http://i44.tinypic.com/r28h9c.jpg" /></p><p style="text-align: justify;"><img height="240" src="http://i41.tinypic.com/6ol5qu.jpg" style="vertical-align: middle;" width="320" /><br /><br />El poliestireno expandido se puede cortar tanto en fr&iacute;o como en caliente, en fr&iacute;o con un cutter (mucho cuidado son sumamente cortantes) siempre es recomendable comprar un cutter para cada trabajo porque pierden el filo muy f&aacute;cilmente y no son elementos caros. Tambi&eacute;n se puede cepillar con una escofina de carpinter&iacute;a o se pueden dibujar formas con una fibra.</p><p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">T&eacute;cnica talla en caliente</span></strong></p><p style="text-align: justify;">En caliente se corta usando electricidad a un voltaje muy bajo (12v), b&aacute;sicamente es un transformador con una perilla para regular el voltaje que al comenzar debe estar a m&iacute;nimo o cero, a este transformador se le conecta un hilo de acero, este hilo se debe sostener con la mano mientras se sube de a poco el voltaje del transformador, en cuanto se siente el cosquilleo de la electricidad es suficiente, el voltaje hace que el hilo se caliente y corte las piezas del poliestireno expandido con facilidad, esto muy &uacute;til sobre todo cuando hablamos de piezas de gran escala. Este sistema se puede fabricar en forma casera (lo explico m&aacute;s abajo), tambi&eacute;n se puede usar un elemento caliente como un cuchillo pero es sumamente desprolijo y larga mucho humo, con el hilo apenas larga humo (no obstante es aconsejable el uso de la mascarilla de carbono activado ya que son emanaciones t&oacute;xicas) y siempre se trabaja en lugares abiertos o muy ventilados. El hilo de acero comercialmente se lo conoce como alambre o hilo nicron o nichrome de 0,7 mm y se compra x 100 gramos en rollos.</p><p style="text-align: justify;">&nbsp;<img src="http://i42.tinypic.com/25q7yiv.jpg" style="vertical-align: middle;" /><br /><br /><br />Una vez que el hilo tiene la temperatura incada se prueba con una peque&ntilde;a pieza de poliestireno expandido, tiene que cortarla con mucha facilidad si no es as&iacute;, aumentar levemente la tensi&oacute;n, no tengan temor, este procedimiento no es peligroso, no hay ninguna posibilidad de quedar electrocutado ya que se trabaja con voltajes muy bajos, cuando el hilo esta listo se necesitan 2 personas para piezas de gran escala o una persona para piezas peque&ntilde;as, en el caso de 2 personas ambos deben tirar del alambre con mucha firmeza para dejar bien marcado el trazo, una de las personas tiene la voz de mando y le va indicando a la otra los pasos a seguir y &eacute;sta debe seguir con su mano los trazos de la voz principal. </p><p style="TEXT-ALIGN: justify">Luego una vez reducida la pieza se puede tallar los detalles con cutter o tambi&eacute;n con el hilo sosteni&eacute;ndolo firmemente con ambas manos. </p><p style="text-align: justify;">El montaje es el siguiente: Primero conectamos el enchufe de toma de corriente (220 voltios o el voltaje de cada pa&iacute;s) al regulador de intensidad. El cable que sale del regulador de intensidad, lo ponemos en la entrada del Transformador, y el cable que sale del Transformador es en el que pondremos el Hilo de Nicrom. Recordar siempre que el regulador de intensidad funciona con 220 voltios, y que el Hilo de Nicrom funciona con 12 voltios. Con eso queda bien claro el orden de los componentes en el cable: Enchufe -&gt; Regulador de Intensidad -&gt; Transformador -&gt; Hilo de Nicrom.</p><p style="text-align: justify;"><img src="http://i42.tinypic.com/2v0e6h0.jpg" /><br /><br /><img src="http://i40.tinypic.com/vo6efs.jpg" />&nbsp;<br /><img src="http://i44.tinypic.com/1zdx8ir.jpg" /><br /><br /><img src="http://i42.tinypic.com/6e3b5k.jpg" /><br /><br /><img src="http://i43.tinypic.com/ekho41.jpg" /><br /><br />Una vez terminado el montaje ya podemos enchufarla y probarla. Antes de enchufarla asegurarse siempre de que el regulador de intensidad est&aacute; al m&iacute;nimo lo reitero porque es importante no olvidarse de esto. Una vez enchufado, ir subiendo poco a poco la intensidad con el regulador hasta que el hilo se caliente. Cuanta m&aacute;s intensidad, m&aacute;s calor en el hilo, con mucha intensidad el hilo se pone al rojo vivo y quema los dedos, se los aseguro. Sin embargo cuanto m&aacute;s calor le den al hilo, m&aacute;s f&aacute;cil cortar&aacute; el poliestireno, pero el corte ser&aacute; menos preciso. Ajustar el regulador de intensidad seg&uacute;n sea c&oacute;modo, incluso pueden ir ajustando sobre la marcha seg&uacute;n la zona a cortar.</p><p style="text-align: justify;">Las grandes ventajas de esto es que es muy f&aacute;cil de usar, muy sencillo y muy seguro. La parte que manejamos, funciona con 12 voltios, con lo que no hay riesgo de electrocutarse ni de causar da&ntilde;os al sistema el&eacute;ctrico, apenas cosquillas en los dedos por el bajo voltaje. </p><p style="text-align: justify;">La parte negativa: El Hilo de Nicrom se ablanda y dilata al calentarse, as&iacute; que se aflojar&aacute; enseguida, y dependiendo de qu&eacute; trabajo est&eacute;n haciendo, un hilo flojo no servir&aacute;. Si lo vuelven a apretar cada poco tiempo, se acabar&aacute; rompiendo, y aunque es barato, es una molestia tener que estar cambiando el hilo cada poco tiempo. Esto se puede solucionar montando un muelle en uno de los extremos del hilo. El muelle se ocupar&aacute; de mantener el hilo tenso en todo momento. Eso s&iacute;, recordar que los muelles son met&aacute;licos y por lo tanto conducen la electricidad, as&iacute; que puede deben colocar cinta aislante donde se toque con el Hilo de Nicrom (esto en el caso de usar un sistema tipo sierra).</p></p><p style="text-align: justify;">Las piezas de poliestireno expandido se pueden pintar con pintura acr&iacute;lica o pinturas al agua o l&aacute;tex (nada de esmalte sint&eacute;tico porque lo quema lo mismo que los pegamentos comunes) se le puede realizar un acabado con endu&iacute;do y luego pintarlo o cubrilo con gasas impregnadas en yeso para recubrirlas, para pegarla tambi&eacute;n se puede usar cola de carpintero.<br /><br /><img src="http://i44.tinypic.com/s4m5hk.jpg" /><br /><br /><img src="http://i41.tinypic.com/ndss21.jpg" /><br /><br /><img src="http://i39.tinypic.com/ejufli.jpg" /><br /><br /><em>Escultura del camello: Feliciano Garc&iacute;a P&eacute;rez</em><br /><br /><br />Como hemos visto la talla en este material sirve para esculturas, bajo relieves, gigantograf&iacute;as, calado de letras, recubrimientos y escenograf&iacute;as, tambi&eacute;n las diferentes t&eacute;cnicas de talla, tanto en fr&iacute;o como en caliente con transformador para hilo de acero caliente o con mesa de corte o en fr&iacute;o con un cutter.</p><p style="text-align: justify;"><p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Materiales:</span></strong></p><p style="text-align: justify;">.poliestireno expandido</p><p style="text-align: justify;">.cutter para cortar en fr&iacute;ol</p><p style="text-align: justify;">.Cable el&eacute;ctrico para cortar en caliente</p><p style="text-align: justify;">.Interruptor (Hay cables para l&aacute;mparas que ya vienen con interruptor, aunque es opcional pon&eacute;rselo, ya que con el regulador podemos cortar completamente la corriente.)</p><p style="text-align: justify;">.Regulador de intensidad (Se usan para regular la luz de las l&aacute;mparas, son como un interruptor, pero con ruedita, seg&uacute;n la posici&oacute;n, la luz es m&aacute;s tenue o m&aacute;s fuerte. Sin el regulador de intensidad el hilo se calentar&iacute;a demasiado, solo funciona si el aparato consume un cierto n&uacute;mero de watios.</p><p style="text-align: justify;">.Transformador de 12 Voltios (Convierte 220-110-230 etc voltios de la corriente en 12 voltios, que es lo que usaremos para el hilo. Este es un transformador electr&oacute;nico de los que usan las l&aacute;mparas hal&oacute;genas, as&iacute; que es muy f&aacute;cil de encontrar, pedir uno electr&oacute;nico, mucho m&aacute;s peque&ntilde;o y ligero.</p><p style="text-align: justify;">.Hilo de Nicrom (Se compra en tiendas de electr&oacute;nica o de electrodom&eacute;sticos. Tiene pinta de alambre normal, pero cuando pasa una corriente de 12 voltios por &eacute;l se calienta hasta ponerse al rojo vivo (nunca hagan esto). Se venden en rollos de 2 metros o m&aacute;s, cada tanto se deteriora el hilo o se le pega el poliestireno quemado y comienza a dar un olor que es t&oacute;xico, cada tanto cambiar por un tramo nuevo. Preferentemente de 0.5 mil&iacute;metros de di&aacute;metro.</p><p style="text-align: justify;">.M&aacute;scara de carbono activado</p></p>]]></description>            <pubDate>Wed, 01 Apr 2009 00:17:58 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>